La compañía de Mark Zuckerberg apuesta fuerte por una startup nacida en Asia que promete agentes autónomos capaces de investigar, planificar y tomar decisiones complejas. El acuerdo también abre interrogantes geopolíticos en Washington.
Meta Platforms volvió a sacudir al ecosistema tecnológico global con la adquisición de Manus, una startup de inteligencia artificial con sede en Singapur que se convirtió en una de las más comentadas de Silicon Valley en los últimos meses. Según informó The Wall Street Journal, la compañía liderada por Mark Zuckerberg acordó pagar U$S 2.000 millones por la empresa, la valuación que Manus buscaba para su próxima ronda de financiamiento.
Manus debutó públicamente en la primavera boreal con un video de demostración que rápidamente se volvió viral en el mundo tecnológico. En ese material, la startup mostraba un agente de IA capaz de realizar tareas complejas de forma autónoma, como filtrar candidatos laborales, planificar viajes o analizar carteras de inversión. En ese contexto, la empresa llegó a afirmar que su tecnología superaba el rendimiento de Deep Research, la herramienta avanzada de OpenAI.
El interés del mercado no tardó en materializarse. En abril, apenas semanas después de su lanzamiento, el fondo de capital de riesgo Benchmark lideró una ronda de inversión de U$S 75 millones, que otorgó a Manus una valuación post-money de U$S 500 millones. Como parte de la operación, el socio general de Benchmark, Chetan Puttagunta, se incorporó al directorio de la compañía. De acuerdo con medios chinos, otros inversores relevantes ya habían apostado por Manus previamente, entre ellos Tencent, ZhenFund y HSG (ex Sequoia China), a través de una ronda de U$S 10 millones.
Más allá de la sofisticación tecnológica, Manus aportó algo que escasea en el actual boom de la inteligencia artificial: ingresos reales. La empresa anunció recientemente que ya había captado millones de usuarios y que generaba ingresos recurrentes anuales superiores a los U$S 100 millones, provenientes de suscripciones mensuales y anuales a su servicio premium. Ese punto resultó clave para Meta, en un momento en el que los inversores observan con creciente preocupación el fuerte nivel de gasto en infraestructura del sector.
Meta comprometió alrededor de U$S 60.000 millones en inversiones vinculadas a centros de datos y capacidad computacional, en línea con la carrera global por escalar modelos de IA. En ese contexto, la compra de Manus le permite a Zuckerberg mostrar un activo concreto: un producto de inteligencia artificial que no solo promete, sino que ya factura.
Según comunicó Meta, Manus continuará operando de forma independiente, aunque sus agentes de IA serán integrados progresivamente en plataformas clave del grupo como Facebook, Instagram y WhatsApp, donde ya está disponible el asistente Meta AI. La estrategia apunta a reforzar la propuesta de valor de sus aplicaciones con herramientas más avanzadas y orientadas a la productividad.
El factor geopolítico y la lupa de Washington
La operación, sin embargo, no está exenta de controversia. Los fundadores de Manus son de origen chino y crearon en 2022 su empresa matriz, Butterfly Effect, en Beijing. Recién a mediados de 2025 trasladaron su base operativa a Singapur. Ese historial encendió alertas en Estados Unidos, en un clima político cada vez más sensible a los vínculos entre tecnología, capital y China.
El senador republicano John Cornyn, representante de Texas y miembro senior del Comité de Inteligencia del Senado, ya había cuestionado públicamente a Benchmark en mayo por su inversión en Manus. Cornyn expresó su preocupación por el destino del capital estadounidense en compañías con posibles vínculos chinos, una postura que se inscribe en una línea dura frente a la competencia tecnológica con Beijing. Aunque Cornyn es uno de los halcones más visibles en este tema, el endurecimiento hacia China se consolidó como una de las pocas posiciones genuinamente bipartidistas en el Congreso estadounidense.
Consciente de ese contexto, Meta buscó anticiparse a eventuales objeciones regulatorias. En declaraciones a Nikkei Asia, un vocero de la compañía aseguró: “No habrá ninguna participación accionaria china continua en Manus AI tras la transacción, y Manus AI interrumpirá sus servicios y operaciones en China”. El objetivo es despejar dudas y evitar que el acuerdo quede atrapado en disputas políticas o de seguridad nacional.
Para Meta, la compra de Manus representa una jugada estratégica en varios frentes: refuerza su portafolio de inteligencia artificial, suma una tecnología validada por el mercado y le permite mostrar retornos concretos en medio de una inversión masiva en infraestructura. Al mismo tiempo, expone hasta qué punto la carrera por la IA dejó de ser solo tecnológica para convertirse también en un asunto económico y geopolítico de primer orden.

