EE.UU. y la IA: por qué los economistas creen que extenderá su liderazgo en productividad

Una encuesta global revela que más del 75% de los economistas esperan que EE.UU. mantenga o amplíe su ventaja en productividad gracias al boom de la IA, el dinamismo de sus mercados de capitales y sus menores costos energéticos. Aunque crecen las advertencias sobre una posible burbuja, el consenso apunta a que la brecha con Europa y otras economías no se cerrará en el corto plazo.

Estados Unidos se perfila para extender su liderazgo global en productividad apoyado en el auge de la inteligencia artificial, según una encuesta realizada por el Financial Times entre economistas de China, la eurozona, el Reino Unido y el propio mercado estadounidense. Más de tres cuartas partes de los consultados consideran que la mayor economía del mundo mantendrá o incluso ampliará su ventaja frente al resto, impulsada por la adopción de nuevas tecnologías, mercados de capitales profundos y costos energéticos relativamente bajos.

En concreto, el 31% de los 183 economistas que respondieron el sondeo cree que Estados Unidos conservará su actual ventaja en productividad, mientras que otro 48% espera que esa dominancia se incremente. La productividad laboral —que mide la capacidad de transformar insumos como horas trabajadas en bienes y servicios— es un factor clave para el crecimiento de salarios, ganancias empresariales y niveles de vida.

Los datos respaldan esa percepción. Según la OCDE, la productividad laboral de Estados Unidos creció un 10% entre 2019 y 2024, impulsada por rápidos avances tecnológicos y una reasignación de trabajadores durante la pandemia de Covid-19. En contraste, el indicador se mantuvo prácticamente estancado en el Reino Unido y la eurozona durante el mismo período.

Jumana Saleheen, responsable del grupo de estrategia de inversión de Vanguard en Europa, sostuvo que la productividad estadounidense está en condiciones de “despegar aún más respecto de otras economías desarrolladas”, gracias a “mercados de capitales dinámicos, una fuerza laboral flexible y el liderazgo en tecnologías emergentes”. En paralelo, advirtió que Europa corre el riesgo de “quedar todavía más rezagada”, con una inversión en investigación y desarrollo que sigue concentrada en sectores tradicionales como la industria automotriz y la farmacéutica.

IA como nueva frontera de la productividad

Para Nina Skero, directora ejecutiva del Centre for Economics and Business Research, la inteligencia artificial y las tecnologías digitales asociadas representan la nueva frontera de la productividad global. En ese contexto, “la posición de Estados Unidos como líder en inversión y desarrollo de estas tecnologías extenderá su ventaja en productividad”, afirmó.

La divergencia también es visible en la inversión empresarial. De acuerdo con datos de Oxford Economics, la inversión en Estados Unidos aumentó un 24% en el segundo trimestre de 2025 frente al mismo período de 2019, antes de la pandemia. En la eurozona, en cambio, se contrajo un 7% en ese mismo lapso.

La OCDE prevé además que la economía estadounidense registre el crecimiento más fuerte del G7 este año, impulsada por un boom de inversión liderado por el sector tecnológico y por las ganancias bursátiles, que están fortaleciendo el consumo de los hogares de mayores ingresos. Estos avances ayudaron a compensar parte del daño económico generado por las guerras comerciales del presidente Donald Trump, aunque también alimentaron temores sobre una burbuja vinculada a la IA.

De hecho, algunos economistas encuestados advirtieron que el aumento de la inversión en inteligencia artificial podría reflejar un fenómeno especulativo. El término “burbuja” apareció 25 veces en las respuestas del sondeo. Un ajuste abrupto en las valuaciones del sector tecnológico estadounidense, señalaron, podría afectar la producción, la productividad y generar repercusiones internacionales a través de condiciones financieras más estrictas y una mayor aversión al riesgo.

Ventajas estructurales y límites del modelo

Pese a esas advertencias, la mayoría de los economistas considera que las tendencias que sostienen el desempeño superior de Estados Unidos no se revertirán pronto. Thomas Simons, economista jefe para Estados Unidos en Jefferies, afirmó que el país parte de una “posición de fortaleza” en la carrera por la productividad.

Entre los factores estructurales, los encuestados destacaron los costos energéticos más bajos y predecibles. Martin Beck, economista jefe de la consultora WPI Strategy, sostuvo que Estados Unidos se beneficia de “costos energéticos estructuralmente más bajos y previsibles que Europa y muchas economías asiáticas”, respaldados por una administración que concibe la política energética “como un motor de prosperidad económica y no como una herramienta de posicionamiento moral a expensas del crecimiento y los niveles de vida”.

Europa, en cambio, es percibida como limitada por un exceso de regulación, menor inversión, mercados laborales rígidos y un entorno menos favorable para tecnologías de punta. En el caso del Reino Unido, algunos economistas suman el peso adicional del Brexit. “Mientras Estados Unidos y otros países avanzaron fuertemente en IA, el Reino Unido pasó gran parte de la última década persiguiendo la cola del Brexit”, señaló Evarist Stoja, profesor de finanzas en la University of Bristol Business School.

Competencia global y riesgos políticos

Los expertos reconocen que la competencia en inteligencia artificial se intensifica, especialmente desde Asia. China cuenta con la segunda mayor inversión acumulada en capital de riesgo en IA desde 2012, solo detrás de Estados Unidos y más de tres veces superior a la de la Unión Europea, según la OCDE. Aun así, Jagjit S. Chadha, profesor de economía en la Universidad de Cambridge, considera que “la ventaja relativa de Estados Unidos se erosionará algo, pero no será eliminada”.

Otros economistas son más escépticos respecto del impacto final del boom tecnológico. David Owen, economista jefe de Saltmarsh Economics, advirtió que gran parte de la inversión en IA “podría resultar una mala asignación de recursos” y que, en última instancia, “muchos de los beneficios irán a los usuarios de la tecnología en otros países, no a los innovadores iniciales”.

También aparecen riesgos internos. El proteccionismo comercial, las políticas migratorias restrictivas, los desequilibrios fiscales y la inestabilidad política podrían socavar el crecimiento de la productividad. Robert Barbera, director del Center for Financial Economics de la Universidad Johns Hopkins, advirtió que las ganancias de productividad derivadas del comercio “han sido canjeadas por ingresos arancelarios insignificantes”. Jonathan Portes, profesor del King’s College de Londres, alertó sobre una “combinación tóxica” de aranceles, deterioro de la administración pública y políticas antiinmigración que podría “dañar de forma significativa la economía estadounidense con el tiempo”.

Aun con esas amenazas latentes, el consenso entre los economistas es claro: en la era de la inteligencia artificial, Estados Unidos sigue jugando con ventaja, y todo indica que esa brecha en productividad no se cerrará en el corto plazo.

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