La transformación de McKinsey & Company ya no es una promesa ni un piloto interno: es un cambio estructural. Bob Sternfels, CEO global de la firma, confirmó que la consultora cuenta hoy con unos 60.000 “empleados”, de los cuales 40.000 son humanos y cerca de 25.000 son agentes de inteligencia artificial. El dato, revelado en entrevistas recientes y confirmado a Business Insider, expone con crudeza hacia dónde se dirige el negocio del conocimiento.
Actualmente hay medios de comunicación y empresas y personas que orgullosamente dicen que están libres de Inteligencia Artificial. Claro, es falso. Hoy ya la utilizan aunque no lo deseen, aunque no quieran. Pero vamos a dejar que lo sigan diciendo si eso los hace felices.
Ahora, la pregunta que empieza a circular —y que bien podría convertirse en un clásico case interview— es directa: ¿qué ventaja competitiva obtiene una empresa o una consultora global cuando agrega en menos de dos años 25.000 agentes de IA a su fuerza laboral?
Una consultora redefinida por software
Según Sternfels, McKinsey está “rehaciéndose” alrededor de la inteligencia artificial. No se trata de herramientas aisladas para mejorar productividad, sino de agentes autónomos integrados en los flujos de trabajo centrales: análisis de datos, investigación sectorial, modelización financiera, redacción de presentaciones, preparación de propuestas y soporte a equipos de proyecto.
En la práctica, esto implica que gran parte del trabajo que históricamente realizaban analistas y consultores junior ahora puede ser ejecutado, supervisado o acelerado por sistemas de IA. El resultado no es solo eficiencia: es escala cognitiva.
Un equipo pequeño de consultores senior puede hoy operar con una “capacidad extendida” que antes requería decenas de personas.
Costos, velocidad y margen: la ecuación cambia
El impacto económico es profundo. Los agentes de IA:
- No cobran salarios ni bonos
- Operan 24/7
- Pueden reutilizarse infinitamente
- Aprenden de cada proyecto
Esto permite a McKinsey reducir costos marginales, acelerar tiempos de entrega y expandir márgenes sin necesidad de crecer proporcionalmente en headcount humano. En un mercado cada vez más competitivo —con Big Four, boutiques especializadas y startups de consultoría basadas en IA— esta ventaja es decisiva.
Además, la firma puede absorber picos de demanda sin contratar masivamente ni enfrentar los riesgos clásicos de sobreexpansión.
El nuevo rol del consultor humano
La otra cara del cambio es cultural y profesional. Si 25.000 agentes hacen el trabajo “base”, el valor del consultor humano se desplaza hacia:
- Juicio estratégico
- Relación con el cliente
- Toma de decisiones bajo incertidumbre
- Integración política y organizacional de las recomendaciones
En este esquema, la IA no reemplaza al consultor estrella, pero sí redefine quién puede llegar a serlo. El ascenso ya no dependerá de horas de Excel o PowerPoint, sino de criterio, liderazgo y capacidad de síntesis.
Un anticipo del futuro del trabajo profesional
Lo que McKinsey está haciendo hoy anticipa lo que podría ocurrir en otros sectores intensivos en conocimiento: estudios legales, auditoras, bancos de inversión, medios y hasta organismos públicos.
La diferencia es que McKinsey no está experimentando: ya opera con una fuerza laboral híbrida donde los agentes de IA son parte estructural del “staff”. No como herramientas, sino como actores productivos.
La consultora que durante décadas vendió marcos conceptuales sobre eficiencia, disrupción y ventaja competitiva ahora se convirtió en su propio caso de estudio. Y el mensaje implícito para el resto del mercado es contundente: la competencia ya no es solo entre empresas, sino entre modelos de organización humano–máquina.

