Sienna Rose sacude a la industria musical: ¿una artista con millones de oyentes creada por IA?

La cantante “anónima” acumula casi 3 millones de oyentes mensuales en Spotify, pero no tiene redes sociales ni shows en vivo. Deezer confirmó que gran parte de su música fue detectada como generada por IA, reavivando el debate sobre el futuro del negocio musical.

La industria musical vuelve a quedar en el centro del debate sobre el impacto de la inteligencia artificial tras el caso de Sienna Rose, una supuesta cantante de soul y neo-soul que acumula 2,6 millones de oyentes mensuales en Spotify, pero cuya existencia como artista humana está seriamente cuestionada. La polémica escaló en los últimos días luego de que plataformas, medios y músicos volvieran a poner bajo la lupa su origen.

En Spotify, Sienna Rose es presentada como una intérprete de estilo soul moderno, con una propuesta que combina “la elegancia del soul clásico con la vulnerabilidad del R&B contemporáneo”. Sin embargo, su biografía la define simplemente como una “cantante neo-soul anónima”, una descripción que, lejos de disipar dudas, alimentó la sospecha entre los oyentes.

El volumen de audiencia resulta llamativo: además de sus millones de reproducciones mensuales, tres de sus canciones —‘Into the Blue’, ‘Safe With You’ y ‘Where Your Warmth Begins’— ingresaron este mes en la playlist Viral 50 – USA de Spotify, un hito reservado habitualmente para artistas con fuerte presencia pública.

Las señales que encendieron las alarmas

Las dudas no son nuevas. Según consignó Rolling Stone, el debate sobre la legitimidad de Sienna Rose lleva alrededor de un año, aunque volvió a tomar fuerza luego de que Selena Gomez utilizara su canción ‘Where Your Warmth Begins’ en un posteo de Instagram relacionado con los Golden Globes. El tema fue posteriormente eliminado de la publicación, lo que despertó aún más preguntas.

Entre los indicios que alimentan las sospechas aparecen varios elementos recurrentes: Sienna Rose no tiene presencia en redes sociales, nunca realizó presentaciones en vivo y no existen registros audiovisuales de conciertos o entrevistas. A eso se suma un ritmo de producción musical difícil de explicar desde una lógica humana tradicional.

Entre septiembre y diciembre del año pasado, Rose habría subido al menos 45 canciones a plataformas de streaming, una productividad que, según remarcan los críticos, “ni siquiera artistas como Frank Zappa o Prince podrían sostener”.

Deezer confirma la detección de contenido generado por IA

El punto de inflexión llegó con una declaración oficial de Deezer, uno de los principales servicios de streaming. En un comunicado enviado a la BBC, la plataforma confirmó que “muchos de los álbumes y canciones de Sienna Rose fueron detectados y marcados como generados por inteligencia artificial”.

La afirmación resulta especialmente relevante en un contexto donde, según un informe reciente de Deezer, el 97% de las personas no puede distinguir entre música creada por humanos y música generada por IA. Aun así, en el caso de Rose, muchos oyentes intuyeron que algo no cerraba desde el inicio.

Un fenómeno que ya no es aislado

El caso de Sienna Rose no es el primero ni parece que vaya a ser el último. En el último año, varios proyectos musicales creados con inteligencia artificial lograron posicionarse en plataformas masivas, desafiando las reglas históricas del negocio.

Uno de los ejemplos más resonantes fue The Velvet Sundown, una banda generada por IA que llegó a reunir alrededor de 400.000 oyentes mensuales en Spotify. Posteriormente, un supuesto vocero del proyecto admitió que se trataba de un engaño deliberado “dirigido a los medios”.

Otro caso fue el de Xania Monet, una artista generada por IA que firmó un contrato discográfico multimillonario y se convirtió en la primera “artista artificial” en ingresar a los rankings de Billboard en Estados Unidos. El poeta y diseñador detrás del proyecto afirmó entonces que veía a Monet como “una persona real” que estaba “desafiando las normas”.

Estas experiencias, lejos de ser celebradas de manera unánime, generaron fuertes reacciones dentro del ecosistema musical.

El rechazo de músicos y plataformas

La expansión de la música generada por IA ya provocó respuestas concretas. Bandcamp, una de las plataformas más valoradas por artistas independientes, anunció recientemente la prohibición oficial de música creada total o mayoritariamente con inteligencia artificial. “Si encontrás música o audio que parezca hecho íntegramente o con fuerte dependencia de IA generativa, usá nuestras herramientas de reporte”, señaló la empresa, que se reservó el derecho de eliminar contenidos sospechosos.

Artistas consagrados también expresaron su preocupación. Kehlani fue una de las voces más críticas frente al éxito de Xania Monet. “La proliferación de la IA en la música está completamente fuera de nuestro control”, afirmó, y remarcó que estas tecnologías permiten crear canciones completas sin “acreditar a nadie” cuyos trabajos fueron utilizados para entrenar los modelos.

Nada ni nadie en la Tierra va a poder justificar la IA para mí”, sentenció la cantante.

En una línea similar, Lucas Woodland, vocalista de la banda galesa Holding Absence, denunció que una banda creada con IA que citaba a su grupo como influencia había superado sus reproducciones en Spotify en apenas dos meses. “Es impactante, desalentador, insultante y, sobre todo, una llamada de atención”, escribió.

Un debate abierto para el futuro del negocio musical

El caso Sienna Rose vuelve a poner sobre la mesa una pregunta central para la industria creativa: qué significa ser artista en la era de la inteligencia artificial. Con millones de oyentes, presencia en playlists clave y detecciones técnicas que apuntan a la IA, el fenómeno expone una tensión creciente entre innovación tecnológica, derechos de autor, transparencia y sostenibilidad del trabajo creativo.

Mientras las plataformas, los músicos y los reguladores intentan adaptarse, la frontera entre lo humano y lo artificial en la música parece cada vez más difusa. Y Sienna Rose, exista o no como persona, ya se convirtió en uno de los símbolos más claros de ese cambio.

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