El CEO de Anthropic sorprendió en Davos con duras críticas a la venta de chips de Nvidia a China, pese a que la compañía es uno de sus principales socios e inversores. Sus declaraciones exponen hasta qué punto la carrera por la inteligencia artificial ya es vista como un asunto de seguridad nacional.
La carrera global por la inteligencia artificial sumó en Davos un capítulo inesperado y explosivo. Dario Amodei, CEO de Anthropic —una de las compañías más influyentes del sector— cuestionó públicamente a la administración estadounidense y a los fabricantes de chips, en particular a Nvidia, por autorizar la venta de procesadores avanzados a clientes chinos. La crítica llamó la atención no solo por su tono, sino porque Nvidia es uno de los socios estratégicos e inversores clave de la propia Anthropic.
La polémica se desató luego de que el gobierno de Estados Unidos aprobara oficialmente la venta de los chips Nvidia H200 y de una línea de procesadores de AMD a clientes chinos previamente autorizados. Aunque no se trata de los chips más avanzados del mercado, sí son procesadores de alto rendimiento utilizados para entrenar y operar modelos de inteligencia artificial, lo que convierte la decisión en un tema sensible desde el punto de vista geopolítico.
Durante una entrevista en el Foro Económico Mundial, Amodei reaccionó con incredulidad ante el argumento de los fabricantes. “Los CEOs de estas compañías dicen: ‘Es el embargo de chips lo que nos está frenando’”, señaló, para luego advertir que esta decisión “va a volver para morder a Estados Unidos”.
El CEO de Anthropic fue más allá al explicar su postura. “Estamos muchos años por delante de China en nuestra capacidad para fabricar chips”, afirmó ante el editor jefe de Bloomberg, quien lo entrevistaba. Desde su perspectiva, permitir la exportación de estos procesadores representa un error estratégico de gran magnitud, especialmente por el impacto que puede tener en el desarrollo de modelos de inteligencia artificial avanzados.
Amodei dibujó un escenario inquietante al describir el potencial de la IA como una forma de “cognición” o “inteligencia” a escala masiva. Comparó los futuros sistemas de IA con “un país de genios dentro de un centro de datos”, invitando a imaginar “100 millones de personas más inteligentes que cualquier ganador del Premio Nobel”, todas bajo el control de un solo Estado. Para el ejecutivo, este es el verdadero trasfondo del debate sobre los chips: no se trata solo de hardware, sino de poder estratégico y seguridad nacional.
La frase que más repercusión generó llegó poco después. “Creo que esto es una locura”, dijo sobre la decisión del gobierno estadounidense. Y remató con una analogía extrema: comparó la venta de estos chips con “vender armas nucleares a Corea del Norte y alardear de que Boeing fabricó las carcasas”.
El comentario cayó como una bomba en la industria. Nvidia no es un actor marginal: es el proveedor central de las GPUs que alimentan los modelos de inteligencia artificial de Anthropic y, en la práctica, de todo el ecosistema de la nube. Microsoft, Amazon y Google utilizan hardware de Nvidia para operar sus plataformas de IA. Además, la relación entre ambas compañías es profunda: Nvidia anunció recientemente una inversión de hasta U$S 10.000 millones en Anthropic, junto con una “asociación tecnológica profunda” para optimizar mutuamente sus productos.
Ese acuerdo financiero y estratégico se había hecho público apenas dos meses antes de Davos, con mensajes optimistas y colaborativos. El contraste con las declaraciones de Amodei fue total: en cuestión de semanas, el CEO pasó de celebrar la alianza a comparar indirectamente a su socio con un traficante de armas.
El texto de Business Insider plantea varias interpretaciones posibles. Una es que Amodei se dejó llevar por la retórica del momento y utilizó una metáfora excesiva. Otra, quizás más reveladora, es que Anthropic se siente lo suficientemente sólida como para hablar sin filtros. La compañía ha recaudado miles de millones de dólares, está valorada en cientos de miles de millones y su asistente de programación Claude se consolidó como una de las herramientas de IA más valoradas por desarrolladores que trabajan en proyectos complejos del mundo real.
También es plausible que el temor sea genuino. La competencia con los laboratorios de inteligencia artificial chinos es una preocupación creciente en Silicon Valley y en Washington. En ese contexto, recurrir a comparaciones con la proliferación nuclear puede ser una forma efectiva de captar la atención de los decisores políticos.
Más allá de la polémica puntual, el episodio deja una señal clara para el ecosistema tecnológico global, incluida América Latina. La inteligencia artificial dejó de ser solo una cuestión de innovación y negocios para convertirse en un factor central de poder económico, militar y geopolítico. Las decisiones que hoy se toman en Estados Unidos, China o Europa impactan directamente en cómo las empresas, los Estados y los mercados emergentes —como la Argentina— acceden a tecnología crítica y construyen su propio desarrollo en IA.
Quizás lo más llamativo no sea la crítica en sí, sino la libertad con la que Amodei la expresó. Sentado en uno de los escenarios más influyentes del mundo, lanzó una acusación que podría haber afectado relaciones comerciales clave y, sin embargo, siguió adelante sin señales de preocupación. Ese gesto sugiere que, para los líderes de la inteligencia artificial, la carrera ya es tan existencial que las reglas tradicionales —las relaciones con inversores, los socios estratégicos o las formas diplomáticas— parecen haber quedado en segundo plano.
En ese sentido, más que la metáfora nuclear, lo que verdaderamente merece atención es esa ausencia de límites. Porque marca hasta qué punto la industria de la inteligencia artificial está entrando en una nueva fase, donde el poder tecnológico y la geopolítica avanzan a una velocidad que ni siquiera sus propios protagonistas parecen dispuestos a disimular.

