En el Foro Económico Mundial, ejecutivos de Nvidia, IBM, Cisco, BlackRock y Microsoft defendieron el potencial de la inteligencia artificial para crear empleo y productividad. Sin embargo, sindicatos y parte del mundo corporativo advierten que la adopción de la tecnología podría profundizar tensiones laborales y desigualdades.
Ni el frío extremo, ni las tensiones geopolíticas, ni las dudas sobre una posible burbuja tecnológica lograron enfriar el entusiasmo de los líderes empresariales por la inteligencia artificial en Davos. En el Foro Económico Mundial, el mantra fue claro y repetido: “empleo, empleo, empleo”. Para buena parte del establishment corporativo global, la IA no solo no destruirá puestos de trabajo, sino que será un motor clave de creación laboral y crecimiento económico.
Ejecutivos de algunas de las compañías más influyentes del mundo coincidieron en que, aunque ciertos roles desaparecerán, surgirán nuevos empleos. Dos de ellos señalaron a Reuters que la inteligencia artificial será utilizada, en muchos casos, como justificación para despidos que las empresas ya planeaban de antemano.
Entre los principales defensores de esta visión optimista estuvo Jensen Huang, CEO de Nvidia, uno de los grandes ganadores del auge de la IA y referente central del ecosistema tecnológico global. El ejecutivo sostuvo que la expansión de la inteligencia artificial impulsará mejores salarios y más empleo incluso en oficios tradicionales como plomeros, electricistas y trabajadores siderúrgicos.
“La energía está creando empleos. La industria de los chips está creando empleos. La capa de infraestructura está creando empleos”, afirmó Huang durante el encuentro en el resort alpino suizo. Y remató con una consigna directa: “Empleo, empleo, empleo”.
Ese optimismo contrastó con un contexto político cargado, marcado por la amenaza de una disputa comercial que sobrevoló Davos hasta que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, alcanzó un acuerdo para suspender aranceles y evitar un desacople en materia de seguridad con Europa por Groenlandia.
Debajo de la superficie, sin embargo, persistieron las dudas. Algunos delegados debatieron los riesgos asociados al uso de chatbots, incluyendo su posible impacto en la salud mental de los usuarios, mientras que líderes sindicales cuestionaron el verdadero costo social de los recientes avances tecnológicos.
“Se está vendiendo la IA como una herramienta de productividad, lo que muchas veces significa hacer más con menos trabajadores”, advirtió Christy Hoffman, secretaria general del sindicato UNI Global Union, que representa a unos 20 millones de trabajadores en todo el mundo.
Del entusiasmo a los retornos concretos
Uno de los grandes interrogantes en Davos fue si la inteligencia artificial ya está generando retornos reales para las empresas. Matthew Prince, CEO de la compañía de ciberseguridad Cloudflare, sostuvo que la tecnología seguirá avanzando incluso si atraviesa altibajos de mercado o financiamiento. En una entrevista con Reuters, advirtió que la IA podría volverse tan dominante que termine “eviscerando” a las pequeñas empresas, mientras agentes autónomos gestionan directamente las compras de los consumidores.
En los últimos años, muchas compañías reconocieron dificultades para pasar de pruebas piloto fallidas a implementaciones de IA que generen valor tangible, tras el boom iniciado por ChatGPT en 2022. Para Rob Thomas, director comercial de IBM, ese punto de inflexión finalmente llegó. “Realmente se puede empezar a automatizar tareas y procesos de negocio”, afirmó.
Aun así, los datos muestran cautela. PwC indicó que solo uno de cada ocho CEO encuestados recientemente cree que la inteligencia artificial está reduciendo costos y generando ingresos, mientras persisten las dudas sobre qué modelo de negocio podrá compensar los enormes gastos asociados a esta tecnología.
Algunas empresas sí reportaron beneficios claros. Cathinka Wahlstrom, directora comercial de BNY, explicó que la IA redujo el tiempo de investigación necesario para incorporar a un nuevo cliente de dos días a apenas 10 minutos. En la misma línea, Jeetu Patel, presidente de Cisco, afirmó que proyectos que antes requerían 19 años-hombre de trabajo ahora se completan en solo un par de semanas.
“La forma en la que programamos fue completamente repensada”, sostuvo Patel, quien alentó a los desarrolladores de software a adoptar la inteligencia artificial no solo para ser más productivos, sino para “seguir siendo relevantes” a largo plazo.
Empleo bajo presión y visiones contrapuestas
Mientras algunas compañías prometen crecimiento sin recortes, la realidad no es uniforme. Rob Goldstein, director operativo de BlackRock, señaló que el mayor gestor de activos del mundo sumó cerca de U$S 700.000 millones en nuevos activos netos el año pasado y que la firma ve la IA como una herramienta de expansión, no de reducción de personal. “Estamos muy enfocados en mantener estable nuestra dotación de empleados mientras seguimos creciendo”, afirmó.
En contraste, Amazon planea una segunda ronda de despidos la próxima semana como parte de un plan para recortar alrededor de 30.000 puestos corporativos, según fuentes citadas por Reuters.
Para Luc Triangle, secretario general de la Confederación Sindical Internacional, la ansiedad persiste porque los trabajadores suelen tener poco poder de decisión sobre cómo se implementa la inteligencia artificial. En ese contexto, dijo, la IA es percibida “como una amenaza”.
Desde una mirada más estructural, Bill Gates, cofundador de Microsoft, sostuvo que las sociedades deben prepararse para la disrupción que traerá la inteligencia artificial. “Tu economía se vuelve más productiva, y eso suele ser algo bueno”, afirmó. Gates incluso mencionó la posibilidad de gravar actividades vinculadas a la IA para asistir a los trabajadores y pidió a los políticos que se familiaricen más con la tecnología. “Hay problemas, sin duda, pero todos son problemas resolubles”, aseguró.
Davos cerró con una nota de optimismo de la mano de Elon Musk, CEO de Tesla y fundador de SpaceX, quien defendió una visión positiva del futuro. “Para la calidad de vida, es mejor equivocarse siendo optimista que acertar siendo pesimista”, dijo ante un auditorio colmado.
El mensaje final fue claro: la inteligencia artificial ya no es una promesa lejana. Está transformando negocios, empleo y poder económico global, y Davos dejó en evidencia que el debate ya no gira en torno a si la IA cambiará el mundo, sino a quiénes serán los ganadores y quiénes pagarán el costo de esa transformación.

