OpenAI pone precio premium a la publicidad en ChatGPT y desafía el modelo de Meta y Google

La compañía detrás de ChatGPT evalúa cobrar hasta U$S 60 por cada 1.000 visualizaciones de anuncios, un valor que triplica el promedio de Meta. La apuesta abre un nuevo frente en el negocio publicitario digital, aunque con menos datos para los anunciantes y fuertes promesas de privacidad para los usuarios.


OpenAI comienza a delinear su estrategia publicitaria en ChatGPT, y los primeros números confirman que la empresa no busca competir por precio. Según un informe de The Information, la compañía estaría evaluando cobrar alrededor de U$S 60 por cada 1.000 visualizaciones de anuncios (CPM), una cifra que triplica el costo promedio de la publicidad en las plataformas de Meta, como Facebook o Instagram.

El dato marca un punto de inflexión en la evolución de ChatGPT, que hasta ahora había evitado la publicidad tradicional y se había enfocado en ingresos por suscripciones y acuerdos empresariales. La introducción de anuncios no solo representa una nueva fuente de ingresos para OpenAI, sino también una señal clara de que el chatbot empieza a posicionarse como un canal publicitario de alto valor, basado en intención, contexto y engagement.

Sin embargo, el precio elevado llega acompañado de limitaciones importantes para los anunciantes. A diferencia de Google o Meta, OpenAI no ofrecerá métricas detalladas de rendimiento en esta primera etapa. Las marcas no sabrán, por ejemplo, si un usuario realizó una compra, visitó un sitio web o tomó una acción concreta después de ver un anuncio.

Según la información disponible, los anunciantes solo recibirán datos de alto nivel, como el total de visualizaciones o el número de clics. Es decir, métricas básicas que contrastan con los sistemas de atribución avanzada y seguimiento de conversiones que dominan el mercado publicitario digital desde hace más de una década.

Esta decisión no es casual. Cuando OpenAI anunció oficialmente la llegada de anuncios a ChatGPT a comienzos de este mes, la compañía fue enfática en su mensaje hacia los usuarios: “Nunca venderemos tus datos a los anunciantes”, y las conversaciones dentro del chatbot se mantendrán privadas. Esa promesa de privacidad explica, en gran medida, por qué OpenAI limita la información que entrega a las marcas.

Los primeros anuncios comenzarán a aparecer en las próximas semanas y estarán dirigidos exclusivamente a los usuarios del plan gratuito y del plan Go, el nivel de suscripción más económico. Quedarán excluidos de la publicidad los usuarios menores de 18 años, así como las conversaciones que aborden temas sensibles, entre ellos salud mental y política.

Desde una perspectiva de negocios, el movimiento de OpenAI plantea una ecuación particular: menos datos, más contexto y mayor precio. La empresa parece apostar a que la atención del usuario dentro de ChatGPT —un entorno conversacional, activo y con alta intención— justifica un CPM significativamente más alto que el de las redes sociales tradicionales.

Al mismo tiempo, el modelo contrasta con el corazón del negocio publicitario de gigantes como Meta y Google, cuya ventaja competitiva histórica se basa precisamente en la recolección masiva de datos, el seguimiento del comportamiento del usuario y la optimización algorítmica de conversiones.

Para OpenAI, el desafío será demostrar que ese entorno más restringido en términos de datos puede ofrecer resultados equivalentes —o superiores— para los anunciantes. La compañía deja abierta la puerta a ampliar el nivel de información disponible “más adelante”, aunque sin comprometer su postura pública sobre privacidad.

En este contexto, ChatGPT empieza a perfilarse no solo como una plataforma de inteligencia artificial generativa, sino como un nuevo actor en el mercado global de publicidad digital, con reglas propias y un posicionamiento claramente premium. Si el modelo funciona, podría redefinir cómo las marcas se vinculan con los usuarios en interfaces basadas en IA, donde la conversación reemplaza al feed y la confianza se vuelve un activo central.

La pregunta que queda abierta es si los anunciantes estarán dispuestos a pagar U$S 60 por cada 1.000 impresiones sin el nivel de trazabilidad al que están acostumbrados. La respuesta comenzará a tomar forma en las próximas semanas, cuando los primeros anuncios empiecen a aparecer dentro de ChatGPT y el mercado ponga a prueba la apuesta de OpenAI.

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