La compañía aeroespacial de Elon Musk adquirió formalmente su startup de inteligencia artificial xAI en una operación que valora al grupo combinado en U$S 1,25 billones. El objetivo central es desarrollar centros de datos espaciales como alternativa a la infraestructura terrestre, cada vez más limitada por el consumo energético.
SpaceX oficializó la adquisición de xAI, la empresa de inteligencia artificial fundada por Elon Musk, en un movimiento que consolida a la compañía aeroespacial como la empresa privada más valiosa del mundo. Según informó Bloomberg News, la fusión valora al grupo combinado en U$S 1,25 billones y refuerza la estrategia de Musk de integrar sus distintos negocios tecnológicos alrededor de un objetivo común: escalar la inteligencia artificial más allá de las limitaciones físicas de la Tierra.
El propio Musk, CEO de SpaceX y fundador de xAI, explicó en un memorando publicado en el sitio web de la empresa espacial que la operación está motivada, en gran medida, por su interés creciente en construir centros de datos en el espacio. “Los avances actuales en inteligencia artificial dependen de grandes centros de datos terrestres, que requieren enormes cantidades de energía y refrigeración. La demanda global de electricidad para la IA simplemente no puede satisfacerse con soluciones terrestres, ni siquiera en el corto plazo, sin imponer dificultades a las comunidades y al medio ambiente”, escribió.
La afirmación no está exenta de controversia. xAI fue acusada recientemente de generar impactos negativos en comunidades cercanas a sus centros de datos en Memphis, Tennessee, justamente por el alto consumo energético y los requerimientos de infraestructura asociados a sus operaciones de cómputo intensivo.
La adquisición se produce en un contexto financiero complejo para ambas compañías. De acuerdo con Bloomberg, xAI está quemando alrededor de U$S 1.000 millones por mes, una cifra que refleja la presión extrema que enfrentan las empresas que compiten en la primera línea del desarrollo de modelos de inteligencia artificial. SpaceX, en tanto, obtiene hasta el 80% de sus ingresos del lanzamiento de sus propios satélites Starlink, según datos citados por Reuters, lo que subraya la importancia estratégica de su negocio de conectividad espacial.
El año pasado, xAI ya había dado un paso relevante al adquirir X, la red social anteriormente conocida como Twitter, también propiedad de Musk. En ese momento, el empresario afirmó que la empresa combinada tenía una valuación de U$S 113.000 millones, integrando datos, distribución y desarrollo de modelos de IA bajo un mismo paraguas corporativo.
En su memo, Musk sostuvo que el desarrollo de centros de datos espaciales requerirá “un flujo constante de muchos satélites”, aunque evitó precisar cuántos. Esa necesidad garantiza, al mismo tiempo, una fuente sostenida de ingresos para SpaceX a largo plazo, especialmente si se tiene en cuenta que la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos exige que los satélites sean retirados de órbita cada cinco años, lo que obliga a un reemplazo continuo de la flota.
Si bien la infraestructura espacial para IA es el objetivo estratégico declarado, las prioridades inmediatas de SpaceX y xAI siguen siendo diferentes. SpaceX está enfocada en demostrar que su cohete Starship puede transportar astronautas a la Luna y, eventualmente, a Marte, un proyecto clave tanto para la NASA como para los planes de exploración interplanetaria de Musk. xAI, por su parte, compite directamente con gigantes del sector como Google y OpenAI, en una carrera marcada por costos crecientes, ciclos de innovación acelerados y una fuerte presión comercial.
Esa presión llevó a Musk a tomar decisiones polémicas. Según informó The Washington Post, el empresario relajó recientemente las restricciones del chatbot Grok, desarrollado por xAI, lo que contribuyó a que la herramienta fuera utilizada para generar imágenes sexuales no consensuadas de adultos y niños mediante inteligencia artificial. El episodio expuso los riesgos asociados al desarrollo acelerado de modelos avanzados sin controles suficientemente robustos.
La operación también refuerza la interconexión del ecosistema empresarial de Musk, que incluye además a Tesla, Neuralink y The Boring Company. Tanto Tesla como SpaceX ya habían invertido U$S 2.000 millones cada una en xAI, una señal clara de que el empresario concibe la inteligencia artificial como un componente transversal a todos sus proyectos, desde los vehículos eléctricos hasta las interfaces cerebro-computadora.
Aunque SpaceX viene preparando una salida a bolsa que podría concretarse tan pronto como en junio, según versiones del mercado, Musk no hizo ninguna referencia al impacto que la adquisición de xAI podría tener sobre ese cronograma. Lo que sí queda claro es que, con esta operación, el fundador de SpaceX redobla su apuesta por un modelo de desarrollo de la inteligencia artificial que trasciende la infraestructura terrestre y busca en el espacio una nueva frontera para el cómputo a gran escala.

