El gigante tecnológico anunció un agresivo plan de inversión en infraestructura de inteligencia artificial para 2026, muy por encima de lo esperado por el mercado. La reacción fue inmediata: las acciones se desplomaron hasta 11% en el after market.
Amazon volvió a demostrar que está dispuesto a jugar fuerte en la carrera global por la inteligencia artificial, incluso a costa de incomodar a los mercados. La compañía fundada por Jeff Bezos anunció que planea destinar U$S 200.000 millones en gastos de capital (capex) durante 2026 para escalar su infraestructura de IA, una cifra que supera en casi un tercio las previsiones de Wall Street y que provocó una fuerte caída en el precio de sus acciones.
Tras el anuncio, los papeles del grupo con sede en Seattle llegaron a desplomarse hasta un 11% en las operaciones posteriores al cierre en Nueva York. El motivo central del nerviosismo fue la magnitud del compromiso financiero: Amazon prevé aumentar su capex en más de 50% respecto de los casi U$S 130.000 millones que desembolsará en 2025, año en el que ya volcó fuertes inversiones en la construcción de centros de datos. Los analistas, en cambio, esperaban un gasto cercano a los U$S 150.000 millones para 2026.
Andy Jassy, CEO de Amazon, defendió la estrategia y aseguró que la compañía tiene plena confianza en la demanda futura de capacidad de cómputo. “Vamos a invertir agresivamente en este espacio. Vamos a invertir para ser líderes”, afirmó durante la llamada con inversores, donde detalló que el foco estará puesto en centros de datos, chips de inteligencia artificial desarrollados internamente, robótica y satélites de órbita baja.
El anuncio de Amazon se dio en una semana marcada por fuertes incrementos en el gasto de capital de las grandes tecnológicas, un fenómeno que sacudió al mercado estadounidense. A esto se sumaron preocupaciones por la escasez de hardware de memoria —clave para los chips de IA— y por el impacto que nuevas herramientas de inteligencia artificial están teniendo sobre empresas de software, especialmente en entornos laborales y de programación.
Más allá del impacto bursátil, los resultados financieros de Amazon mostraron luces y sombras. El beneficio neto del grupo —que abarca negocios de publicidad, cloud computing, comercio electrónico y medios— fue de U$S 21.200 millones en el trimestre cerrado a fines de diciembre, en línea con el trimestre previo. Los ingresos crecieron 14% interanual hasta alcanzar los U$S 213.400 millones.
El negocio minorista, que incluye el intenso período de fiestas de fin de año, registró ingresos por U$S 141.700 millones, en línea con las expectativas del mercado. En cambio, el desempeño más destacado volvió a estar en Amazon Web Services (AWS), la división de computación en la nube, cuyas ventas crecieron 24% interanual hasta los U$S 35.600 millones en el cuarto trimestre, superando las previsiones de Wall Street.
AWS se ha convertido en el principal foco de atención de los inversores, ya que es la plataforma desde la cual Amazon busca competir en la carrera de la inteligencia artificial frente a rivales como Microsoft, Google y Oracle. Sin embargo, la compañía ha quedado rezagada frente a algunos de estos competidores en la firma de contratos multimillonarios para proveer capacidad de cómputo a empresas de IA.
Aun así, Amazon mantiene posiciones estratégicas clave. Es inversor y proveedor de nube de Anthropic, uno de los desarrolladores de modelos de lenguaje más relevantes del mercado. Además, en noviembre acordó un contrato por U$S 38.000 millones con OpenAI y se encuentra en conversaciones para invertir directamente en la startup liderada por Sam Altman. “Esperamos ampliar nuestra asociación con OpenAI con el tiempo”, señaló Jassy.
En términos de infraestructura, el CEO destacó que AWS agregó 4 gigawatts de capacidad de centros de datos en el último año. Además, la compañía cerró el trimestre con un backlog de contratos de cloud por U$S 244.000 millones, frente a los U$S 200.000 millones del trimestre anterior, lo que refleja que la demanda de los clientes supera la velocidad a la que Amazon puede sumar nueva capacidad.
El gasto de capital del cuarto trimestre fue de aproximadamente U$S 38.000 millones, por encima de los U$S 33.600 millones estimados por los analistas, según datos de S&P Visible Alpha. De cara al primer trimestre, Amazon proyectó ingresos de entre U$S 173.500 millones y U$S 178.500 millones, con un punto medio levemente superior a las previsiones, aunque anticipó márgenes de ganancia más débiles de lo esperado.
Este giro agresivo hacia la eficiencia y la inversión convive con un fuerte ajuste interno. La semana pasada, Amazon anunció el recorte de 16.000 puestos de trabajo administrativos, lo que eleva a 30.000 los empleos eliminados desde octubre, en un intento por contener costos mientras acelera su apuesta por la inteligencia artificial.
En paralelo, Amazon también busca competir desarrollando sus propios modelos y chips. La compañía invirtió en herramientas como la plataforma de programación Kiru y en su familia de modelos Nova, además de lanzar a fines del año pasado la última versión de sus chips Trainium. Sin embargo, estos procesadores no lograron la misma recepción que las TPU de Google. En diciembre, Amazon también reorganizó el liderazgo de AWS, con la salida de su jefe de IA y la creación de una nueva unidad dedicada al desarrollo de modelos.
La señal es clara: Amazon está dispuesto a sacrificar previsibilidad financiera de corto plazo para consolidarse como un actor central en la infraestructura de la inteligencia artificial global, aun cuando el mercado todavía no esté listo para acompañar ese nivel de ambición.
Fuente: Financial Times

