El CEO de Arm, Rene Haas, calificó como una “micro-histeria” la reciente venta masiva de acciones tecnológicas vinculada al temor por la inteligencia artificial. Mientras el mercado duda, la compañía controlada por SoftBank proyecta que su negocio de data centers superará al de smartphones en pocos años.
En medio de la volatilidad que sacude al sector tecnológico global, Arm, el grupo de diseño de chips controlado por SoftBank, busca enviar un mensaje de calma a los inversores. Su CEO, Rene Haas (en la imagen principal), aseguró que los temores sobre el impacto de la inteligencia artificial en las empresas de software —que esta semana detonaron una fuerte corrección bursátil— están sobredimensionados y no reflejan el uso real que hoy hacen las compañías de estas herramientas.
“Es una micro-histeria que excede la realidad de cómo las empresas están utilizando la IA”, afirmó Haas, en referencia a la ola de ventas que siguió al lanzamiento de nuevas herramientas de programación y productividad impulsadas por IA, como la presentada recientemente por Anthropic. Según el ejecutivo, el mercado está mezclando conceptos distintos y atribuyendo a la IA un nivel de disrupción que aún no se verifica en la economía real.
“Si miro el despliegue de IA en las empresas, no estamos ni cerca de ese punto”, sostuvo el CEO de Arm. Y añadió: “La programación no es el gran caso de uso monstruoso a lo largo del PBI mundial. Creo que la gente está confundiendo muchas cosas distintas”.
Resultados sólidos, reacción negativa del mercado
Las declaraciones de Haas se produjeron el mismo día en que Arm presentó sus resultados trimestrales, que derivaron en una caída del 8% en la cotización de la acción tras el cierre del mercado. El motivo no fue un mal desempeño operativo, sino una proyección para el cuarto trimestre apenas por encima de las estimaciones de los analistas, insuficiente para un mercado que espera crecimientos explosivos de las compañías tecnológicas vinculadas a la IA.
En su tercer trimestre fiscal, Arm reportó un beneficio neto de U$S 223 millones sobre ingresos por U$S 1.200 millones, cifras que estuvieron en línea con las previsiones de Wall Street. Sin embargo, el clima general de cautela afectó al conjunto del sector de semiconductores, con compañías como AMD y Qualcomm también golpeadas por la preocupación de los inversores ante una posible escasez de chips de memoria, que podría limitar las ventas de electrónica de consumo.
Haas ya había relativizado semanas atrás el impacto inmediato de la IA sobre la economía global, señalando que la tecnología aún se encuentra en una fase temprana de adopción, especialmente en el ámbito corporativo.
El giro estratégico hacia los data centers
Más allá del ruido de corto plazo, el CEO de Arm dejó en claro dónde ve el verdadero motor de crecimiento de la compañía: los data centers. Según adelantó, Arm está en camino de generar más ingresos por su negocio de centros de datos que por smartphones dentro de un “par de años”, un cambio estructural para una empresa históricamente asociada al mercado móvil.
Este giro responde directamente al auge de la inteligencia artificial. Arm se especializa en diseños de CPUs que luego son licenciados a gigantes del sector, como Nvidia, que los integran en sus propios productos para data centers junto con unidades de procesamiento gráfico (GPUs), fundamentales para entrenar modelos de IA.
Haas afirmó que Arm ya controla alrededor del 50% del mercado de CPUs para data centers, donde compite principalmente con la arquitectura x86 de Intel y AMD. “Gracias al boom de la IA, los chips para data centers están en camino de convertirse en nuestro mayor negocio”, señaló, impulsados también por la posibilidad de cobrar regalías más altas por las nuevas generaciones de diseños.
Ese cambio ya se refleja en los números: las regalías provenientes de chips para data centers crecieron un 100% interanual, según detalló el ejecutivo.
CPUs, inferencia y el futuro de la infraestructura de IA
Otro punto clave del análisis de Arm tiene que ver con el rol de las CPUs en la próxima etapa de la inteligencia artificial. Haas destacó la creciente demanda de estos procesadores por parte de gigantes tecnológicos como Nvidia, Amazon y Microsoft, que los consideran cada vez más críticos para ejecutar agentes de IA y procesos de inferencia, es decir, la fase en la que los modelos ya entrenados se utilizan para generar respuestas y tomar decisiones.
En ese contexto, algunos analistas comenzaron a cuestionar si las GPUs, que dominaron la primera ola de inversiones en infraestructura de IA, podrían empezar a ser desplazadas por chips más especializados, optimizados específicamente para cargas de inferencia.
Para Arm, ese debate juega a favor de su estrategia. Mientras el mercado discute si la IA está generando una disrupción prematura en el software, la compañía apuesta a posicionarse como un proveedor clave de la infraestructura que sostendrá la próxima etapa del desarrollo de la inteligencia artificial, con los data centers como epicentro de su crecimiento futuro.

