La firma británica, clave en más de 300.000 millones de chips enviados al mundo, analiza si debe diseñar productos propios para aprovechar el boom de la inteligencia artificial. El desafío: ganar más que los actuales U$S 5.000 millones anuales sin romper el delicado equilibrio con clientes como Nvidia, Amazon y Google.
En la industria global de semiconductores, Arm es omnipresente y, al mismo tiempo, invisible. Sus diseños están en casi todos los smartphones del planeta y en la mayoría de los dispositivos conectados. Sin embargo, no vende un solo chip: licencia sus arquitecturas, cobra una tarifa inicial y luego una regalía por unidad fabricada.
El modelo ha sido extraordinariamente exitoso en escala. Más de 300.000 millones de chips construidos sobre diseños de Arm han sido enviados al mercado desde su creación, de los cuales más de 30.000 millones solo el año pasado. Pero la ubicuidad no siempre seduce a Wall Street. Desde comienzos de 2025, la acción cayó un 2%, mientras que el índice de semiconductores de Filadelfia —impulsado por el entusiasmo por la inteligencia artificial— trepó 65%.
Aun así, el CEO, Rene Haas (en la foto principal), se muestra optimista. La inteligencia artificial, sostiene, abre una nueva etapa de crecimiento, aunque “el retorno todavía no sea visible”.
El dilema del modelo de negocio
El auge de la IA incrementará la demanda de chips diseñados por Arm. La compañía se especializa en unidades de procesamiento central (CPU), chips de propósito general cuya eficiencia energética los convirtió en estándar en smartphones. Diseñar una CPU nueva puede costar cientos de millones de dólares y demorar entre 12 y 18 meses, por lo que contar con un diseño “listo para usar” reduce enormemente la carga para clientes como Apple.
En los centros de datos que impulsan la IA dominan las GPU, pero también necesitan CPU. El líder en GPU, Nvidia, utiliza diseños de Arm para sus procesadores centrales, al igual que gigantes del cloud como Amazon y Google.
Sin embargo, Arm captura solo una fracción del valor que genera. Los analistas proyectan ingresos por U$S 5.000 millones en el actual ejercicio fiscal, mitad provenientes de regalías y mitad de licencias. Esto implica un crecimiento de aproximadamente 20% respecto de 2025, pero sigue siendo muy inferior a los ingresos de gigantes como Nvidia, Broadcom o Intel. El año pasado, Arm obtuvo regalías promedio de U$S 0,86 por chip móvil, equivalentes a apenas 2,5% a 5% del precio.
De “bloques Lego” a sistemas completos
Para explicar su estrategia, Haas recurre a una analogía: durante años, Arm vendió diseños individuales, “como ladrillos Lego”. Más recientemente comenzó a comercializar planos de “subsistemas”, bloques preensamblados de procesadores. Según Bloomberg Intelligence, estos subsistemas generan tres veces más ingresos por chip que los diseños tradicionales. La empresa estima que podrían representar más de la mitad de sus regalías en un par de años.
El siguiente paso sería aún más audaz: desarrollar chips personalizados completos para proveedores de nube. Esta estrategia ha sido altamente rentable para Broadcom, que fabrica chips a medida para Google y Amazon y alcanzó una capitalización bursátil superior a U$S 1,6 billones. En comparación, Arm vale alrededor de U$S 135.000 millones.
Algunos analistas incluso especulan con que Arm podría diseñar y vender sus propios chips. Rumores indican que Meta sería el primer cliente. Haas evita confirmar esa posibilidad, consciente de que avanzar en esa dirección pondría en riesgo su condición histórica de proveedor neutral.
El factor SoftBank y la competencia china
La estructura accionaria también influye. SoftBank controla más del 85% de Arm y ha estado consolidando su portafolio de chips: adquirió Ampere y Graphcore y en agosto compró un 2% de Intel por U$S 2.000 millones. Su fundador, Masayoshi Son, busca crear un campeón de IA que compita con Nvidia. Haas, miembro del directorio de SoftBank, destaca las sinergias, pero el movimiento podría alejar a Arm de su histórica neutralidad.
Otro frente es China, que representa una quinta parte de los ingresos de Arm. El gobierno impulsa RISC-V, una arquitectura open source que compite con Arm e Intel como alternativa doméstica. No obstante, Haas confía en el ecosistema de software de Arm, con millones de desarrolladores que programan sobre su arquitectura.
El riesgo de la burbuja
Por último, la incógnita macro: ¿y si el boom de la IA se desacelera? Los anuncios de inversiones en centros de datos —incluidos los de SoftBank— se multiplican. Pero Haas admite que no los incorpora en sus proyecciones porque no está claro cuántos “realmente se concretarán”. En algún momento, advierte, “los números tienen que cerrar”.
El mayor desafío para Arm no es solo moverse con la velocidad que exige la IA —donde los modelos evolucionan en meses y los chips tardan años en diseñarse— sino hacerlo sin dinamitar el modelo que la convirtió en el estándar global. En la nueva carrera por capturar valor en la inteligencia artificial, Arm enfrenta una decisión estratégica que puede redefinir su lugar en la cadena tecnológica mundial.

