La guerra de precios de la IA: China desafía el dominio de OpenAI y Anthropic

Mientras Zhipu AI lanza modelos a U$S 3 al mes y recorta tarifas para desarrolladores, los mercados siguen valorando a los gigantes estadounidenses como si su poder de fijación de precios fuera intocable.

El costo de usar inteligencia artificial está comenzando a caer y la presión llega desde China. Zhipu AI (
Zhi = Conocimiento/Sabiduría, Pu = Atlas/Gráfico) , considerado uno de los competidores más cercanos a OpenAI, ofrece acceso básico a sus modelos por unos U$S 3 mensuales, muy por debajo de los planos de pagos de sus pares estadounidenses, que se ubican en torno a los U$S 20 según la categoría de servicio.

En un contexto donde los contratos empresariales alcanzan cifras millonarias al año, este nivel de precios se percibe ya como el inicio de una “guerra de precios” en la industria de la IA generativa.

El contraste no se limita a lo que pagan los usuarios. Desde su debut en Hong Kong en enero, las acciones de Knowledge Atlas Technology Joint Stock (Beijing Zhipu Huazhang Technology Co., Ltd.), la matriz de Zhipu AI, han subido 300%, pero aún así la compañía vale cerca de U$S 29.000 millones, una fracción de sus rivales estadounidenses.

OpenAI mantiene una valoración privada en torno a U$S 500.000 millones y Anthropic fue valorada en aproximadamente U$S 350.000 millones en su última ronda. El mercado está apostando a un escenario en el que los grupos de IA de Estados Unidos conservan el control desproporcionado de los ingresos globales y se quedan con los segmentos de mayor margen, mientras los usuarios siguen aceptando precios más altos.

Hay razones de peso para esas primas. Los desarrolladores de IA en Estados Unidos cuentan con bases de ingresos más amplias, relaciones corporativas consolidadas y un acceso al capital mucho más fluido que sus pares chinos. Además, OpenAI y Anthropic están respaldados por grandes proveedores de nube, lo que les otorga escala y capacidad de cómputo.

La geopolítica también juega a su favor: las preocupaciones por la seguridad de los datos y los crecientes controles regulatorios probablemente limiten el uso de modelos chinos en Estados Unidos y parte de Europa, en especial para cargas de trabajo gubernamental. Ese corsé geopolítico ayuda a preservar el poder de fijación de precios de los proveedores estadounidenses en mercados clave.

Sin embargo, la brecha tecnológica se estrecha. En los principales benchmarks de la industria, los grandes modelos de lenguaje chinos ya operan cerca de sus equivalentes estadounidenses en tareas de razonamiento, programación y conocimiento general. En áreas como la resolución de problemas matemáticos, la diferencia se reduce a unos pocos puntos porcentuales, de acuerdo con el AI Index 2025 de Stanford. China, además, concentra una porción significativa de la producción global de investigación en IA y de los papers más citados en aprendizaje automático.

El gran interrogante era si las restricciones de exportación de chips avanzadas de Estados Unidos podían frenar de manera decisiva la ambición china. Zhipu entrenó sus modelos sobre los chips Ascend de Huawei. Aunque estos no igualan el rendimiento de los últimos procesadores de Nvidia, su uso indica que los controles de exportación no han eliminado la capacidad de China para construir rivales creíbles a los modelos estadounidenses, especialmente si las mejoras en diseño de chips y software logran compensar la menor potencia de cómputo. Si la tecnología deja de ser la restricción principal, la competencia pasa entonces al terreno del precio.

Ahí es donde el modelo de negocio de Zhipu resulta más agresivo. Para desarrolladores, OpenAI cobra alrededor de U$S 1,75 por millón de tokens de entrada en su modelo insignia GPT‑5.2 y unos U$S 14 por millón de tokens de salida. En la plataforma doméstica de Zhipu, su modelo GLM‑5 se ofrece a aproximadamente U$S 0,58 por millón de tokens de entrada y U$S 2,60 por millón de tokens de salida.

La diferencia es especialmente marcada en la salida, donde rebaja a la mayoría de los modelos estadounidenses. Incluso en mercados donde las empresas de IA de Estados Unidos cuentan con ventaja de marca y distribución, una brecha de precios sostenida puede moldear el comportamiento de los usuarios con el tiempo, en particular estudiantes, desarrolladores independientes, pequeñas empresas y startups sensibles al costo.

Este cambio de equilibrio sugiere que la valoración actual de Zhipu puede estar descontando un escenario demasiado pesimista. Solo el gasto global de consumidores en IA generativa podría acercarse a los U$S 700.000 millones hacia 2030, según Counterpoint Research, sin contar los ingresos corporativos ni de infraestructura en la nube.

Si los mercados más receptivos a proveedores chinos capturan un tercio de esa demanda y Zhipu logra apenas el 10% de esa porción, sus ingresos superarían los U$S 23.000 millones al fin de la década. Incluso aplicando múltiplos de venta y tasas de descuento conservadores, ese perfil respaldaría una capitalización muy superior a la actual.

Buena parte del optimismo detrás de las acciones de IA en Estados Unidos descansa en la idea de que los usuarios seguirán pagando por pequeñas mejoras de rendimiento. Pero a medida que las diferencias en calidad se reducen y el ecosistema global se multiplica, el precio de la inteligencia artificial puede terminar fijado por el modelo “más barato que sea lo suficientemente bueno”.

Para los inversores, la pregunta ya no es solo quién lidera la frontera tecnológica, sino quién puede sostener sus márgenes en un mercado donde el costo marginal de la inteligencia se desploma.

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