El gigante de chips abandona un acuerdo de U$S 100.000 millones y apuesta por una inversión directa en OpenAI dentro de una ronda histórica que podría valorar a la creadora de ChatGPT en U$S 730.000 millones.
La relación entre Nvidia y OpenAI, dos de las compañías más influyentes del actual boom de la inteligencia artificial, acaba de entrar en una nueva etapa estratégica. Ambas empresas están cerca de cerrar una inversión de U$S 30.000 millones que reemplaza el ambicioso —pero nunca concretado— acuerdo multianual por U$S 100.000 millones anunciado el año pasado.
El movimiento no sólo redefine la alianza entre el principal fabricante mundial de chips de IA y la startup detrás de ChatGPT. También marca un cambio en cómo se financia y se construye la infraestructura global de inteligencia artificial.
Del megaacuerdo a una estructura más simple
Según fuentes cercanas a las negociaciones, Nvidia se encuentra en la fase final para invertir U$S 30.000 millones en OpenAI como parte de una ronda de financiación que busca recaudar más de U$S 100.000 millones en total.
De concretarse, la operación valorará a OpenAI en U$S 730.000 millones —sin contar el nuevo capital— consolidándola como una de las compañías tecnológicas privadas más valiosas del mundo.
El nuevo esquema reemplaza el acuerdo anunciado en septiembre pasado, que contemplaba inversiones escalonadas de U$S 10.000 millones cada una hasta alcanzar los U$S 100.000 millones, acompañando el crecimiento de la demanda de computación de OpenAI.
Ese plan nunca pasó de una carta de intención. En enero, The Wall Street Journal ya había informado que el acuerdo estaba “en pausa”. Ahora queda oficialmente sustituido por una estructura más directa: Nvidia invertirá capital a cambio de participación accionaria.
La infraestructura como nuevo campo de batalla
El cambio refleja una transformación profunda del negocio de la IA. Más que modelos o algoritmos, el activo estratégico central pasó a ser la capacidad computacional.
OpenAI planea reinvertir gran parte del nuevo financiamiento en hardware de Nvidia, reforzando así un círculo industrial donde el capital vuelve a convertirse en chips y centros de datos.
Según personas cercanas a la compañía, OpenAI proyecta gastar alrededor de U$S 600.000 millones en recursos de computación hasta 2030, incluyendo infraestructura provista por Nvidia, Amazon y Microsoft.
La lógica es clara: asegurar acceso anticipado a potencia de cálculo sería “la mejor defensa contra los competidores”, en un mercado donde la demanda por inteligencia artificial se anticipa prácticamente ilimitada.
El plan original incluso contemplaba desplegar hasta 10 gigavatios de nueva capacidad informática y adquirir millones de procesadores de IA de Nvidia.
Un contexto financiero más cauteloso
La reconfiguración del acuerdo llega en un momento sensible para el sector tecnológico. Las acciones tecnológicas estadounidenses acumulan una caída cercana al 17% desde comienzos del año, impulsada por dudas de inversores sobre la sostenibilidad del boom de la inteligencia artificial.
El acuerdo anterior había generado preocupación entre analistas por su estructura circular: proveedores, clientes e inversores profundamente entrelazados dentro del mismo ecosistema.
La nueva inversión reduce esa complejidad y ofrece mayor claridad financiera, algo que el mercado parece exigir en esta etapa del ciclo.
Altman y Huang enfrían rumores
Las especulaciones sobre un supuesto enfriamiento entre las compañías fueron rápidamente descartadas por sus máximos ejecutivos.
El CEO de OpenAI, Sam Altman, escribió recientemente:
“Nos encanta trabajar con Nvidia y fabrican los mejores chips de inteligencia artificial del mundo. Esperamos ser un cliente gigantesco durante mucho tiempo”.
Un día después, el CEO de Nvidia, Jensen Huang, respondió en CNBC:
“Cualquier sugerencia de controversia es un disparate. Nos encanta trabajar con OpenAI”.
Las declaraciones reflejan una realidad evidente: ambas compañías siguen siendo interdependientes en el corazón de la economía de la IA.
Una ronda histórica con múltiples gigantes
La inversión de Nvidia no llega sola. OpenAI también negocia aportes masivos de otros actores globales:
- SoftBank planea invertir U$S 30.000 millones.
- Amazon podría comprometer hasta U$S 50.000 millones dentro de una alianza estratégica vinculada al uso de modelos de IA.
- El fondo tecnológico estatal MGX de Abu Dhabi y Microsoft también aportarían miles de millones adicionales.
Mientras tanto, ejecutivos de OpenAI mantienen reuniones con fondos de venture capital y grandes inversores para ampliar aún más la ronda.
Crecimiento explosivo y apuesta a escala planetaria
El contexto financiero explica el interés inversor. OpenAI superó este año ingresos anualizados por U$S 20.000 millones, una métrica típica de startups que proyecta la facturación futura basada en el ritmo reciente.
Ese crecimiento está estrechamente ligado a su acceso a capacidad computacional: tanto ingresos como potencia de cálculo se habrían triplicado aproximadamente cada año.
En otras palabras, la ecuación dominante en la inteligencia artificial actual es simple pero costosa: más computación equivale a mejores modelos, más usuarios y mayores ingresos.
La nueva fase de la guerra por la IA
El abandono del acuerdo de U$S 100.000 millones no representa un retroceso, sino una maduración del mercado.
La industria parece pasar de anuncios grandilocuentes a estructuras financieras más ejecutables, mientras las grandes tecnológicas compiten por asegurar energía, chips y centros de datos antes que sus rivales.
Nvidia mantiene así su posición como proveedor indispensable del ecosistema, mientras OpenAI se consolida como el principal consumidor global de potencia de inteligencia artificial.
La señal estratégica es contundente: la carrera por la IA ya no se define sólo en laboratorios o algoritmos, sino en quién puede financiar —y sostener— la infraestructura tecnológica más grande jamás construida.

