La creadora de ChatGPT incorpora al histórico ejecutivo de Instagram para tender puentes con la industria creativa. Tras un acuerdo de U$S 1.000 millones con Disney, la compañía busca ganar legitimidad en un sector que aún desconfía de la inteligencia artificial.
OpenAI avanza en su estrategia para conquistar a la industria del entretenimiento con la contratación de Charles Porch, hasta ahora vicepresidente de alianzas globales en Instagram, como su primer vicepresidente de asociaciones creativas globales. El puesto, de nueva creación, marca un giro explícito hacia la construcción de vínculos con artistas, estudios y representantes en un momento en que la inteligencia artificial genera tanto fascinación como resistencia en Hollywood.
Porch llega tras más de 15 años en Instagram, Facebook y Meta, donde desempeñó un rol central en la captación de figuras de alto perfil. Entre sus hitos se cuentan el lanzamiento exclusivo en Instagram del álbum homónimo de Beyoncé en 2013, la coordinación de los estudios de retratos de Instagram en la fiesta de los Oscar de Vanity Fair y en la Met Gala, la incorporación del papa Francisco a la red social en 2016 y, más recientemente, en 2025, una iniciativa para atraer creadores de TikTok hacia Instagram Reels mediante pagos “Breakthrough Bonus”.
Ahora, OpenAI espera capitalizar esa red de contactos en música, cine, moda, arte, deportes y el ecosistema de creadores. Aunque la compañía y el propio Porch ofrecieron pocos detalles sobre el alcance exacto de su función —que comenzará en marzo—, el mercado anticipa que incluirá la negociación de licencias para que la imagen de celebridades pueda utilizarse en Sora, el modelo de generación de video de OpenAI, así como el desarrollo de plataformas interactivas basadas en IA y la promoción de herramientas creativas en industrias culturales.
En diálogo con Vanity Fair, Porch explicó: “Voy a ser la persona que esté hablando con las comunidades creativas de todo el mundo para entender cómo construimos los mejores productos para servirlas”. Su papel, según adelantó, también implicará actuar como “traductor” entre los creativos y la start-up de Silicon Valley.
El contexto no es menor. En 2023, las huelgas simultáneas de guionistas y actores paralizaron Hollywood en medio de negociaciones complejas sobre el uso de inteligencia artificial. Ambos sindicatos lograron protecciones, incluidas garantías de compensación si se utilizan imágenes para crear dobles digitales y límites a la sustitución de trabajo humano por IA. Esos contratos, sin embargo, expiran este verano, lo que reabre interrogantes regulatorios y contractuales.
En diciembre, OpenAI dio un golpe estratégico con un acuerdo de licencia por U$S 1.000 millones a tres años con Disney. El pacto permite que Sora produzca contenido con personajes “animados, enmascarados y criaturas” de los universos de Disney, Marvel, Pixar y Star Wars. Se trata de un avance relevante en propiedad intelectual, aunque la cesión de imagen de personas reales plantea desafíos más complejos.
Algunas figuras de peso ya comenzaron a explorar ese terreno. Actores como Matthew McConaughey, Michael Caine y Gwyneth Paltrow licenciaron sus voces a empresas de IA como ElevenLabs y Speechify para la creación de contenido de audio, una señal de que el talento está dispuesto a experimentar, siempre que existan modelos claros de compensación, acuerdos sólidos de privacidad de datos y control creativo y reputacional.
El último gran intento de seducción de OpenAI hacia Hollywood ocurrió en 2024, cuando su CEO, Sam Altman, asistió a fiestas posteriores a los Oscar y el director de operaciones, Brad Lightcap, mantuvo reuniones con estudios y agencias para presentar Sora. Lightcap atribuyó la falta de avances al “nivel de confianza” entre ambas partes.
En ese escenario, la CEO de aplicaciones de OpenAI, Fidji Simo, destacó el perfil de Porch: “Charles ha pasado su carrera acercando la tecnología y la cultura, trabajando con algunos de los artistas y narradores más influyentes para amplificar voces creativas a escala. En OpenAI, se asociará con comunidades creativas para ayudar a dar forma a la próxima generación de herramientas de IA que otorguen a más personas el poder de expresarse y dar vida a sus ideas”.
Porch anticipó que su primera tarea será “una gran gira de escucha, simplemente para empezar a entender dónde están las personas con la IA, hacia dónde creen que va, sus esperanzas, sus miedos, lo que sea”. En una industria donde la legitimidad es tan valiosa como el capital —y donde U$S 1.000 millones pueden no ser suficientes sin confianza—, esa escucha puede resultar tan estratégica como cualquier algoritmo.
Fuente: Vanity Fair

