La consultora global comenzó a medir el uso individual de herramientas de IA para decidir promociones ejecutivas. El movimiento refleja un cambio profundo: la inteligencia artificial ya no es opcional dentro de las grandes firmas profesionales.
La inteligencia artificial dejó de ser una ventaja competitiva para convertirse en un requisito laboral. Accenture, una de las mayores consultoras del mundo, comenzó a monitorear el uso de herramientas de IA por parte de sus empleados y a vincular directamente ese comportamiento con las promociones a puestos de liderazgo.
La decisión marca uno de los cambios culturales más fuertes dentro del sector global de consultoría, donde las firmas buscan acelerar la adopción tecnológica incluso entre sus ejecutivos más experimentados.
Según un correo interno al que accedió el Financial Times, la compañía informó a associate directors y senior managers que para ascender a posiciones de liderazgo será necesaria una “adopción regular” de inteligencia artificial. Claramente, el que no se sube, tendrá que dedicarse a otra cosa, tarde o temprano.
El mensaje fue explícito:
“El uso de nuestras herramientas clave será un elemento visible en las discusiones de talento” durante las decisiones de promoción de liderazgo previstas para este verano.
La IA pasa a ser un KPI personal
Durante este mes, Accenture comenzó a recopilar datos sobre los log-ins semanales individuales de algunos empleados senior en sus plataformas internas de inteligencia artificial.
Entre las herramientas monitoreadas se destacan:
- AI Refinery, diseñada para ayudar a empresas a “convertir tecnología de IA en bruto en soluciones empresariales útiles”.
- SynOps, definido por la compañía como un “motor operativo humano-máquina innovador que optimiza la sinergia entre datos, inteligencia aplicada, tecnologías digitales y talento para transformar operaciones empresariales”.
El movimiento revela un fenómeno que muchas organizaciones empiezan a reconocer: los empleados jóvenes adoptan la IA más rápido que los líderes tradicionales.
Tres ejecutivos de firmas del grupo Big Four explicaron que convencer a socios y altos directivos de usar herramientas de IA ha resultado mucho más complejo que entrenar a perfiles junior. Uno de ellos describió el proceso como un ejercicio de “chivvying”, es decir, empujar constantemente a los ejecutivos para que cambien hábitos arraigados.
El enfoque “zanahoria y palo”
Dentro de Accenture, la estrategia combina incentivos y presión organizacional. Un ejecutivo la definió como un enfoque de “carrot and stick” —zanahoria y palo— para acelerar la transición hacia el trabajo asistido por inteligencia artificial.
Algunos empleados reaccionaron negativamente. Una persona familiarizada con el cambio afirmó que “renunciaría inmediatamente” si la medida la afectara directamente. Otros cuestionaron la utilidad de ciertas herramientas internas, calificándolas como “generadores defectuosos de contenido mediocre”.
Sin embargo, la dirección de Accenture parece decidida a avanzar.
La política no se aplicará a todos los empleados: quedan exentos trabajadores en 12 países europeos, el personal que maneja contratos del gobierno federal de Estados Unidos y algunas joint ventures. Aun así, el impacto potencial es enorme considerando que la firma emplea casi 800.000 personas en todo el mundo.
La estrategia detrás del cambio
La iniciativa forma parte de una reorganización corporativa mucho más amplia anunciada en junio pasado. Accenture integró sus áreas de estrategia, consultoría, creatividad, tecnología y operaciones en una sola división denominada Reinvention Services.
Desde entonces, la compañía comenzó incluso a redefinir su identidad interna: ahora denomina a sus profesionales “reinventors”, buscando posicionarlos como asesores capaces de guiar a clientes en procesos de transformación basados en IA.
En esa misma línea, Accenture adquirió recientemente la startup londinense de inteligencia artificial Faculty, con el objetivo de mejorar su capacidad para ayudar a organizaciones a “reinventar procesos empresariales centrales y críticos” mediante el uso de inteligencia artificial.
Presión del mercado y caída bursátil
El impulso hacia la IA también responde a un contexto financiero desafiante.
Accenture enfrenta una desaceleración general del sector de consultoría. En los últimos 12 meses, la acción de la compañía cayó 42%, reduciendo su valor de mercado a aproximadamente U$S 137.000 millones, muy lejos del pico superior a U$S 260.000 millones alcanzado durante el auge de demanda en la pandemia.
Frente a ese escenario, la inteligencia artificial aparece como el principal motor de reinvención del negocio.
La empresa lo resumió en un comunicado oficial:
“Nuestra estrategia es ser el socio de reinvención elegido por nuestros clientes y el lugar de trabajo más enfocado en el cliente y habilitado por inteligencia artificial. Eso requiere adoptar las herramientas y tecnologías más recientes para servir a nuestros clientes de la manera más efectiva”.
La nueva realidad del trabajo corporativo
El caso Accenture anticipa una tendencia más amplia: la adopción de inteligencia artificial comienza a convertirse en un criterio formal de evaluación profesional.
Ya no se trata sólo de saber usar IA, sino de demostrarlo con métricas concretas.
Para las grandes consultoras —cuyo negocio depende de asesorar transformaciones digitales— el mayor riesgo hoy no es tecnológico, sino humano: que sus propios líderes queden rezagados frente a la velocidad del cambio.
En ese contexto, Accenture envía un mensaje claro al mercado laboral global: en la economía de la inteligencia artificial, no usar IA puede convertirse en el principal límite para avanzar en una carrera ejecutiva.

