Google seduce cineastas con la IA: más rápido, más barato… y cada vez más solitario

Los nuevos modelos generativos están dando superpoderes a cineastas independientes, pero también redefinen el trabajo creativo, la colaboración y el futuro del empleo audiovisual. Directores y estudios debaten si la inteligencia artificial democratiza el cine o amenaza su esencia.

La inteligencia artificial ya no es sólo una herramienta experimental en Hollywood. Está empezando a redefinir cómo se hacen películas, quién puede hacerlas y cuántas personas hacen falta para lograrlas.

Ese cambio quedó expuesto en Google Flow Sessions, un programa impulsado por Google que reunió durante cinco semanas a diez cineastas independientes con acceso a su ecosistema de IA creativa: el modelo Gemini, el generador de imágenes Nano Banana Pro y el sistema de video generativo Veo.

El resultado fue una colección de cortometrajes proyectados en Soho House New York que dejó una conclusión inesperada: la IA puede ampliar radicalmente la creatividad… aunque también reduce la colaboración humana que históricamente definió al cine.


Cine independiente con superpoderes de IA

Uno de los casos más representativos fue “Murmuray”, del cineasta independiente Brad Tangonan.

El film comienza con un hombre filipino caminando por el patio de su infancia en Hawai’i hasta despertar en un bosque surrealista frente a una mujer con máscara de arcilla y espada. La atmósfera onírica y el lenguaje visual recuerdan al cine independiente tradicional.

La diferencia es clave: la película fue realizada utilizando inteligencia artificial.

Tangonan explicó tras la proyección:

“Veo todas estas herramientas, ya sea una cámara o la IA generativa, como formas para que un artista exprese lo que tiene en su mente”.

Para el director, la IA no reemplaza la creatividad humana, sino que la acelera. Escribió el guion sin IA, creó referencias visuales y luego utilizó Nano Banana Pro para generar imágenes alineadas con su estilo antes de producir el video final.

Según los participantes, muchas de estas obras simplemente no hubieran existido sin estas herramientas debido a limitaciones de presupuesto o tiempo.


La nueva carrera del video generativo

Durante 2025, el sector avanzó rápidamente. Empresas como Google, Runway, OpenAI, Kling AI, Luma AI y Higgsfield llevaron el video generado por IA más allá de los experimentos iniciales.

El sector, respaldado por miles de millones de dólares en capital de riesgo, está pasando de prototipos a herramientas reales de postproducción cinematográfica.

La promesa central es clara: democratizar el acceso al cine.

Pero esa abundancia tecnológica también genera un dilema existencial para los creadores.

Quienes adoptan la IA pueden ser vistos como cómplices de la automatización. Quienes la rechazan corren el riesgo de quedar obsoletos.


El rechazo de los grandes maestros del cine

Las críticas no tardaron en llegar desde figuras históricas de la industria.

El director mexicano Guillermo del Toro declaró que preferiría morir antes que utilizar IA generativa para hacer una película.

El cineasta James Cameron calificó como “horrificante” la idea de generar actores o emociones mediante prompts, argumentando que la IA sólo puede producir un promedio estadístico de obras humanas anteriores.

Por su parte, Werner Herzog afirmó que las películas creadas con IA “no tienen alma”.

La discusión ya no es técnica sino filosófica: ¿puede una máquina representar experiencias humanas reales?


IA como facilitador creativo, no reemplazo

Otros cineastas defienden un enfoque más pragmático.

El director Hal Watmough sostuvo:

“Es fácil enojarse con la IA como concepto, pero es más difícil enojarse con alguien que creó algo personal”.

Tangonan coincide:

“La IA es un facilitador. Yo sigo tomando todas las decisiones creativas. Si le entregás las llaves a la IA, obtenés el mínimo común denominador. Pero si tenés voz propia, el resultado es distinto”.

La cineasta Keenan MacWilliam adoptó una estrategia similar en su corto Mimesis. Escribió el guion, grabó su propia voz y utilizó únicamente imágenes generadas a partir de escaneos reales de flora y fauna capturados por ella misma.

Su objetivo, explicó, fue expandir su lenguaje visual sin reemplazar a sus colaboradores humanos.


Eficiencia versus creatividad

El contexto industrial explica por qué la IA avanza tan rápido.

Los estudios enfrentan:

  • costos de producción crecientes,
  • migración hacia el streaming,
  • consolidación corporativa conservadora.

Esto empuja inversiones hacia franquicias seguras —como las sagas de superhéroes— mientras desaparecen las películas originales de presupuesto medio.

La IA podría agravar ese fenómeno si los estudios intentan reemplazar actores, sets o equipos técnicos para reducir costos.

Sin embargo, incluso críticos como James Cameron admiten que la IA podría abaratar efectos visuales y habilitar más cine de ciencia ficción o fantasía, históricamente reservado para grandes franquicias como Avatar.


Cineastas empoderados… pero aislados

El impacto más inesperado aparece en el plano humano.

Las herramientas permiten que un solo creador haga casi todo. Pero eso elimina la colaboración que históricamente definió al cine.

Watmough lo describió así:

“Sé que soy una banda de un solo hombre y que hice todo solo… pero nunca debería ser así como se cuenta una historia”.

Muchos directores ahora actúan simultáneamente como escenógrafos, directores de fotografía y diseñadores de vestuario, roles para los cuales no siempre están preparados.

La eficiencia tecnológica genera independencia creativa, pero también aislamiento profesional.


El próximo conflicto: quién define la IA creativa

La industria enfrenta además cuestionamientos legales y éticos.

Startups como Runway han sido acusadas de entrenar modelos con miles de horas de contenido de YouTube y material protegido por derechos de autor. Otras compañías —incluyendo Google, OpenAI y Luma AI— también enfrentan preguntas sobre el origen de sus datasets.

El debate incluye además el impacto ambiental: algunos estudios estiman que generar segundos de video con IA puede consumir tanta electricidad como horas de streaming tradicional.

Para MacWilliam, el punto central es otro:

“Estas son herramientas. La pregunta es cómo las vamos a usar, si vamos a ser éticos y transparentes”.


El cine en una encrucijada histórica

El consenso entre los cineastas participantes es claro: la IA llegó para quedarse.

Pero el resultado final dependerá de quién establezca sus reglas.

Si los artistas no participan activamente en definir límites éticos y creativos, advierten, la conversación quedará en manos de estudios obsesionados con la eficiencia y la rentabilidad.

Watmough lo resumió con una advertencia directa:

“La industria del cine está tambaleando porque todo cuesta demasiado. Necesitamos herramientas como estas para sobrevivir. Si no nos involucramos, la IA se convertirá en algo que no reconoceremos”.

La inteligencia artificial promete democratizar el cine. La incógnita es si el futuro del séptimo arte será más creativo… o simplemente más automático.

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