Ante la crisis energética que provoca la inteligencia artificial, la startup Aikido propone una alternativa radical: centros de datos submarinos conectados a turbinas eólicas offshore. Energía directa, refrigeración natural y menos conflictos sociales redefinen la infraestructura tecnológica global.
El crecimiento explosivo de la inteligencia artificial está generando un problema inesperado para la industria tecnológica global: ya no alcanza la energía disponible para alimentar los centros de datos.
El debate llegó a un punto tan extremo que incluso empresarios como Elon Musk han planteado la posibilidad de enviar servidores al espacio para aprovechar energía solar permanente. Sin embargo, una startup europea cree que la solución no está en órbita, sino bajo el agua.
La desarrolladora eólica offshore Aikido anunció un proyecto para sumergir un centro de datos experimental de 100 kilovatios frente a la costa de Noruega durante este año. La instalación se ubicará dentro de cápsulas submarinas integradas a una turbina eólica flotante.
El verdadero cuello de botella de la inteligencia artificial
El auge de modelos de IA generativa y agentes autónomos está disparando la demanda energética mundial. Cada nuevo modelo requiere enormes cantidades de cómputo, lo que obliga a construir centros de datos cada vez más grandes y consumidores de electricidad.
El enfoque de Aikido busca atacar tres problemas estructurales simultáneamente:
- Acceso directo a energía limpia
La turbina eólica offshore genera electricidad justo encima del centro de datos, eliminando pérdidas por transmisión energética. - Mayor estabilidad energética
Los vientos en alta mar son más constantes que en tierra firme, y pequeñas baterías pueden compensar interrupciones temporales. - Refrigeración natural
El agua fría del océano permite enfriar servidores de forma mucho más eficiente, uno de los mayores costos operativos de la infraestructura de IA.
Si la prueba resulta exitosa, la compañía planea escalar el concepto hacia 2028 con una instalación frente al Reino Unido equipada con una turbina de 15 a 18 megavatios, capaz de alimentar un centro de datos de 10 a 12 megavatios.
Menos oposición social, más capacidad computacional
Los centros de datos tradicionales enfrentan cada vez más resistencia local bajo el fenómeno conocido como NIMBY (“Not In My Backyard”), donde comunidades rechazan su instalación por ruido, consumo de agua o impacto ambiental.
Al trasladar la infraestructura al mar, Aikido elimina gran parte de esas fricciones regulatorias y sociales.
Además, la refrigeración submarina resuelve otro desafío crítico: el calor extremo generado por chips de alto rendimiento utilizados para entrenar modelos de inteligencia artificial.
Una idea que Microsoft probó antes
La propuesta no surge en el vacío. Hace más de una década, Microsoft experimentó con centros de datos submarinos mediante el proyecto Natick.
En 2018, la empresa desplegó un módulo frente a la costa de Escocia durante 25 meses. El resultado sorprendió a la industria: solo 6 de más de 850 servidores fallaron durante toda la prueba.
El centro estaba lleno con gas nitrógeno inerte, una condición que posiblemente redujo la corrosión y el desgaste del hardware.
Microsoft incluso liberó varias patentes relacionadas en 2021, aunque finalmente abandonó el proyecto en 2024, dejando abierta la puerta para nuevas startups interesadas en retomar la idea bajo modelos energéticos diferentes.
Infraestructura extrema para una era extrema
A pesar de sus ventajas, operar bajo el océano introduce nuevos desafíos técnicos:
- ambientes altamente corrosivos por el agua salada,
- movimiento constante de estructuras flotantes,
- necesidad de conexiones eléctricas y de datos reforzadas,
- mantenimiento complejo en entornos submarinos.
Aun así, el concepto refleja una tendencia clara: la competencia en inteligencia artificial ya no se define únicamente por modelos o algoritmos, sino por infraestructura energética.
La industria está entrando en una nueva fase donde dominar la IA implica resolver primero cómo alimentarla.
Mientras algunos imaginan data centers orbitales alimentados por energía solar permanente, proyectos como el de Aikido sugieren que la próxima revolución tecnológica podría ocurrir lejos de las ciudades… flotando silenciosamente en alta mar.
En la carrera global por sostener el crecimiento de la inteligencia artificial, la pregunta ya no es solo quién construye el mejor modelo, sino quién encuentra primero la energía suficiente para hacerlo funcionar.

