El CEO de BlackRock advierte que la IA podría concentrar aún más la riqueza. En un contexto de inversiones multimillonarias y carrera tecnológica, el acceso desigual a los beneficios emerge como uno de los grandes riesgos del nuevo ciclo económico.
En medio del auge global de la inteligencia artificial, una de las voces más influyentes del sistema financiero encendió una señal de alerta. Larry Fink, CEO de BlackRock —la mayor gestora de activos del mundo con U$S 14 billones bajo administración— advirtió que el crecimiento de la IA podría amplificar las desigualdades económicas si no se amplía el acceso a sus beneficios.
La advertencia llegó a través de su tradicional carta anual a accionistas, donde planteó una preocupación estructural: quiénes capturan el valor generado por las nuevas tecnologías. “La enorme riqueza creada en las últimas generaciones fluyó principalmente hacia quienes ya poseían activos financieros”, escribió Fink. Y agregó: “La inteligencia artificial amenaza con repetir ese patrón a una escala aún mayor”.
La nueva concentración del poder económico
El planteo de Fink no ocurre en el vacío. Durante el último año, la inteligencia artificial no solo reconfiguró el mapa tecnológico, sino también los mercados financieros, impulsando una carrera entre gigantes como Microsoft, Amazon, Alphabet y Meta, todos enfocados en desarrollar modelos capaces de competir con OpenAI y Anthropic.
En ese contexto, el acceso a infraestructura, datos y capital se volvió determinante. “Las compañías con datos, infraestructura y capital para desplegar IA a escala están posicionadas para beneficiarse de manera desproporcionada”, sostuvo Fink. Aunque matizó: “Esto no es inusual, ni inherentemente problemático. El liderazgo de mercado siempre ha cambiado con la tecnología”.
Sin embargo, el problema no es la innovación en sí, sino la concentración de sus beneficios. “La pregunta más amplia es quién participa de las ganancias. Cuando la capitalización de mercado crece pero la propiedad sigue siendo limitada, la prosperidad puede sentirse cada vez más lejana para quienes están afuera”, advirtió.
El rol de los grandes inversores
El desarrollo de la inteligencia artificial requiere inversiones colosales, especialmente en infraestructura crítica como los centros de datos. En este terreno, actores financieros de escala global ya están tomando posiciones estratégicas.
Firmas como Pimco, Apollo Global Management, Blackstone y Blue Owl Capital están financiando la expansión de data centers que sostienen el crecimiento de la IA.
El propio BlackRock también avanza agresivamente en este segmento. La compañía selló una alianza con Microsoft, Nvidia y el fondo soberano MGX de Abu Dhabi para crear un vehículo de inversión de U$S 30.000 millones destinado a la industria de inteligencia artificial.
Además, el año pasado, este fondo junto con la unidad de infraestructura GIP de BlackRock acordaron la adquisición por U$S 40.000 millones de Aligned Data Centers, uno de los mayores operadores de centros de datos del mundo, con sede en Texas.
IPOs y financiamiento: el próximo capítulo
El impacto de la IA también se refleja en la estrategia de las principales startups del sector. Tanto OpenAI como Anthropic evalúan salir a bolsa en el corto plazo, en busca de nuevas fuentes de financiamiento tras depender durante años de rondas privadas con inversores institucionales.
Este movimiento podría abrir parcialmente el acceso a la creación de valor, aunque Fink advierte que no es suficiente si la participación sigue concentrada.
Un desafío económico y político
Más allá del diagnóstico, Fink plantea un desafío de política económica: ampliar los mecanismos de participación en el crecimiento que generará la IA. “La inteligencia artificial creará un valor económico significativo. Asegurar que la participación en ese crecimiento se expanda junto con él es tanto el desafío como la oportunidad”, escribió.
En paralelo, el ejecutivo también abordó otro tema crítico: la sostenibilidad del sistema de seguridad social en Estados Unidos. Según advirtió, el sistema podría enfrentar dificultades para cumplir con sus pagos completos a jubilados a partir de 2033.
En ese sentido, propuso reformas estructurales, incluyendo una reasignación de los fondos actualmente invertidos en bonos del Tesoro hacia mercados financieros, con el objetivo de cerrar la brecha de financiamiento. “La Seguridad Social es una promesa fundamental, y la gente cree correctamente que debe cumplirse. Pero bajo el sistema actual, no hacer nada podría romper esa promesa”, concluyó.
IA: crecimiento acelerado, tensiones latentes
El mensaje de Fink introduce una dimensión clave en el debate sobre inteligencia artificial: no solo se trata de innovación tecnológica, sino de cómo se distribuyen sus beneficios.
En un escenario donde las inversiones superan los cientos de miles de millones de dólares y donde las capacidades se concentran en pocos actores, el riesgo de una brecha económica más profunda ya no es teórico.
Para los mercados, los gobiernos y las empresas, la pregunta que queda abierta no es si la IA generará riqueza —todo indica que lo hará—, sino quiénes podrán capturarla. Y, sobre todo, quiénes quedarán afuera.

