Microsoft pierde U$S 360.000 millones y reaviva dudas sobre el costo real de la carrera por la IA

El gigante tecnológico sufrió su peor jornada bursátil desde 2020 tras revelar un fuerte aumento en el gasto en centros de datos para inteligencia artificial. La reacción del mercado expuso el creciente nerviosismo de los inversores frente al ritmo y la monetización de las megainversiones en IA.

Microsoft atravesó una de sus jornadas más duras en Wall Street desde el inicio de la pandemia. La compañía perdió U$S 360.000 millones en valor de mercado luego de que sus acciones cayeran un 10%, arrastradas por la preocupación de los inversores ante el fuerte incremento del gasto en infraestructura para inteligencia artificial y señales de desaceleración en su negocio de nube.

Tras la caída, la capitalización bursátil del grupo con sede en Redmond, Washington, se redujo a U$S 3,2 billones. Se trata del peor desempeño diario de Microsoft desde 2020 y un golpe significativo para uno de los principales referentes de la revolución de la IA generativa.

El detonante fue la presentación de resultados financieros que revelaron un salto interanual del 66% en el gasto en centros de datos, llevando el capex trimestral a U$S 37.500 millones en los tres meses finalizados en diciembre. La cifra volvió a encender las alarmas sobre la magnitud de las inversiones que las grandes tecnológicas están realizando para entrenar y operar modelos de inteligencia artificial a gran escala.

El costo de sostener la infraestructura de la IA

Si bien Microsoft informó ingresos y ganancias netas ajustadas por encima de lo esperado por los analistas, el crecimiento de su negocio de computación en la nube fue más lento de lo previsto, un dato que amplificó el impacto negativo en el mercado.

La reacción expuso un dilema central que atraviesa hoy a Silicon Valley: el entusiasmo por el potencial transformador de la inteligencia artificial convive con la incertidumbre sobre cuándo y cómo esas inversiones multimillonarias comenzarán a generar retornos claros.

“El nivel de gasto es tan alto que hay un foco absoluto en su monetización”, explicó Venu Krishna, jefe de estrategia de renta variable en Estados Unidos de Barclays. Según el analista, el mercado dejó atrás la etapa de optimismo generalizado para pasar a una evaluación mucho más selectiva de los modelos de negocio ligados a la IA.

El impacto no se limitó a Microsoft. El retroceso del gigante del software arrastró al conjunto del mercado tecnológico. El Nasdaq Composite llegó a caer hasta 2,6% durante la mañana del jueves, aunque luego moderó las pérdidas y cerró 0,7% abajo. El S&P 500, más diversificado, retrocedió 0,1%.

La exposición a OpenAI, bajo la lupa

Otro de los focos de inquietud entre los inversores fue la dependencia de Microsoft respecto de OpenAI, la compañía creadora de ChatGPT. De acuerdo con los resultados presentados, el 45% de los U$S 625.000 millones en contratos futuros de servicios cloud de Microsoft está vinculado a OpenAI.

“El mercado está observando de cerca la exposición de Microsoft a OpenAI”, señaló Manish Kabra, jefe de estrategia de renta variable estadounidense en Société Générale.

La preocupación se intensificó luego de que se conociera que OpenAI mantiene conversaciones para levantar cerca de U$S 40.000 millones en una próxima ronda de financiamiento, con participación de Nvidia, Microsoft y Amazon, tres de sus principales proveedores de infraestructura. El posible esquema reavivó temores sobre una financiación circular dentro del ecosistema de la IA, donde las mismas empresas invierten, proveen servicios y dependen comercialmente unas de otras.

En ese contexto, Oracle, que firmó un acuerdo por U$S 300.000 millones para centros de datos con OpenAI, vio caer sus acciones un 2,2% durante la misma jornada.

Ganadores y perdedores en la nueva fase de la IA

El contraste llegó desde Meta, que subió 10,4% tras presentar resultados mejores a los esperados, reforzando la idea de que el mercado comenzó a diferenciar con mayor claridad entre los grandes jugadores tecnológicos.

“Las correlaciones entre las acciones de las mega cap tecnológicas han caído a mínimos históricos”, afirmó Krishna, de Barclays. “Entramos en una nueva etapa del relato de la inteligencia artificial. Pasamos de la idea de una marea que eleva a todos a una fase de ganadores y perdedores, mientras el mercado intenta determinar qué modelo de negocio tiene ventaja”.

Un contexto macro menos favorable

El mal clima en los mercados también se vio reforzado por datos macroeconómicos. Las expectativas de un fuerte crecimiento en Estados Unidos hacia fines de 2025 se moderaron luego de que el déficit comercial se ampliara en noviembre hasta U$S 57.000 millones, tras varios meses de caída.

Como consecuencia, la proyección de crecimiento del cuarto trimestre de 2025 del modelo GDPNow de la Reserva Federal de Atlanta bajó de una tasa anualizada del 5,4% al 4,2%. Aun así, el gobierno de Donald Trump continúa destacando la fortaleza de la economía, luego de que el crecimiento del tercer trimestre de 2025 se ubicara en 4,4%, cifras que el presidente calificó como prueba de que Estados Unidos es “el país más caliente del mundo”.

Para Microsoft, sin embargo, la señal fue clara: en la carrera por liderar la inteligencia artificial, el mercado ya no solo celebra la ambición tecnológica, sino que exige disciplina financiera y resultados concretos.

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