Panthalassa levanta U$S 140 millones para llevar la inteligencia artificial al océano

Con respaldo de Peter Thiel y John Doerr, la startup apuesta a centros de cómputo flotantes impulsados por energía de olas. Un modelo que busca resolver el cuello de botella energético de la IA.


La carrera global por sostener el crecimiento de la inteligencia artificial acaba de sumar un nuevo territorio: el océano. La startup Panthalassa anunció una ronda Serie B por U$S 140 millones para desarrollar una infraestructura inédita: nodos autónomos que generan energía con olas marinas y ejecutan cómputo de IA directamente en alta mar.

La ronda fue liderada por Peter Thiel y contó con la participación de figuras clave del venture capital global como John Doerr, además de fondos como TIME Ventures —vinculado a Marc Benioff—, SciFi Ventures de Max Levchin y compañías como Super Micro Computer, entre otros inversores.

Infraestructura flotante: energía y cómputo en un mismo sistema

El corazón del proyecto es la serie Ocean-3, una nueva generación de nodos autónomos que operarán en regiones oceánicas de alta densidad energética. Estos sistemas flotantes generan electricidad a partir del movimiento de las olas y la utilizan directamente para alimentar chips de inteligencia artificial.

A diferencia de los modelos tradicionales, donde la energía se transporta hacia centros de datos terrestres, Panthalassa invierte la lógica: el cómputo ocurre en el mar y los resultados —en forma de tokens de inferencia— se envían a tierra vía satélite.

“Hay tres fuentes de energía en el planeta con potencial de decenas de teravatios: solar, nuclear y el océano abierto”, explicó Garth Sheldon-Coulson, cofundador y CEO de la compañía. “Construimos una plataforma tecnológica que opera en las regiones de olas más energéticas del planeta y convierte ese recurso en energía limpia y confiable”.

El océano como solución al cuello de botella de la IA

El planteo de Panthalassa responde a un problema crítico: la creciente demanda energética de la inteligencia artificial. Los centros de datos tradicionales enfrentan limitaciones cada vez más severas, desde la capacidad de las redes eléctricas hasta la escasez de agua para refrigeración.

En ese sentido, el modelo oceánico ofrece ventajas estructurales. Por un lado, evita la presión sobre las redes terrestres. Por otro, utiliza el agua del mar como sistema de enfriamiento natural, uno de los principales desafíos de ingeniería en data centers.

Además, la compañía sostiene que su tecnología puede reducir costos energéticos y minimizar el impacto ambiental y social asociado a nuevas infraestructuras en tierra.

De prototipos a despliegue comercial

Panthalassa no parte de cero. La empresa lleva más de una década desarrollando sus tecnologías clave: generación de energía por olas, propulsión autónoma y cómputo en alta mar.

Entre 2021 y 2024, validó sus capacidades con prototipos como Ocean-1, Ocean-2 y Wavehopper. El próximo paso será decisivo: en 2026 planea desplegar los primeros nodos Ocean-3 en el Pacífico Norte, con el objetivo de demostrar su capacidad de inferencia en condiciones reales.

Si el piloto es exitoso, la compañía proyecta iniciar despliegues comerciales en 2027.

Una apuesta estratégica de largo plazo

Para Peter Thiel, el proyecto tiene implicancias que van más allá de la innovación tecnológica. “El futuro demandará más capacidad de cómputo de la que podemos imaginar. Las soluciones fuera de la Tierra ya no son ciencia ficción. Panthalassa ha abierto la frontera oceánica”, afirmó.

En la misma línea, John Doerr destacó el impacto sistémico del modelo: “Es un triple beneficio: ganan los trabajadores, ganan las comunidades y se fortalece el liderazgo tecnológico de Estados Unidos”.

El futuro de la infraestructura de IA

El movimiento de Panthalassa refleja una tendencia creciente: la infraestructura de inteligencia artificial se está convirtiendo en el nuevo campo de batalla tecnológico.

Mientras gigantes como Google, Microsoft y Amazon Web Services expanden sus data centers en tierra, nuevas compañías exploran alternativas radicales para sostener la demanda.

El océano, hasta ahora un espacio marginal para la industria tecnológica, podría convertirse en una pieza clave del ecosistema.

La pregunta ya no es si habrá suficiente capacidad de cómputo para la próxima generación de IA, sino dónde y cómo se construirá. Panthalassa acaba de proponer una respuesta que, hasta hace poco, parecía imposible.

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