El presidente estadounidense evalúa que el gobierno federal se convierta en socio de compañías de inteligencia artificial como OpenAI, Anthropic y xAI para que “el pueblo americano se beneficie” de la revolución tecnológica.
La inteligencia artificial acaba de entrar de lleno en el centro de la política económica estadounidense. Donald Trump sorprendió al revelar que su administración analiza la posibilidad de que el gobierno de Estados Unidos tome participaciones accionarias en empresas líderes de IA como OpenAI, Anthropic y xAI.
La declaración marca un giro histórico en la relación entre Washington y Silicon Valley, y refleja hasta qué punto la inteligencia artificial pasó de ser una carrera tecnológica a convertirse en un asunto estratégico nacional.
“El gobierno esencialmente se convierte en un socio de las compañías”, afirmó Trump ante periodistas este viernes al explicar conversaciones recientes mantenidas con los principales laboratorios de inteligencia artificial del país.
Según el presidente estadounidense, ejecutivos de empresas como OpenAI, Anthropic y xAI volverán a discutir la propuesta durante reuniones programadas en la Casa Blanca la próxima semana.
La IA se convierte en política industrial de Estado
La iniciativa se enmarca dentro de la política industrial “America First” impulsada por Trump, bajo la cual el gobierno estadounidense ya tomó posiciones estratégicas en compañías vinculadas a semiconductores, tierras raras y computación cuántica.
Durante los últimos meses, Washington incrementó su intervención en sectores considerados críticos para la competencia geopolítica con China.
Ahora, la inteligencia artificial parece haberse convertido en el nuevo eje central de esa estrategia.
El contexto político también resulta clave.
A cinco meses de las elecciones legislativas de medio término en Estados Unidos, el impacto económico de la IA comienza a generar preocupación creciente entre votantes republicanos y sectores del movimiento MAGA.
Encuestas recientes muestran un deterioro en la percepción pública sobre el manejo económico de Trump, mientras aumentan los temores sobre pérdida de empleos, automatización y concentración de poder tecnológico.
Bernie Sanders empuja el debate
La discusión ganó fuerza luego de que el senador progresista Bernie Sanders propusiera aplicar un impuesto extraordinario del 50% sobre acciones de empresas de inteligencia artificial.
La idea busca crear un fondo soberano estadounidense financiado por las ganancias generadas por la revolución de la IA.
“Esto garantizaría que los billones de dólares creados por la inteligencia artificial se utilicen para mejorar la vida de todos nosotros”, sostuvo Sanders.
La propuesta provocó una inmediata reacción negativa dentro de Silicon Valley.
Uno de los más críticos fue David Sacks, inversor tecnológico, asesor de Trump y una de las voces más influyentes dentro del ecosistema de IA estadounidense.
“La nacionalización de la IA acelerará la fusión entre corporaciones y gobierno hacia la que ya nos estamos deslizando”, escribió Sacks.
Y agregó: “Estados Unidos no ganará la carrera de IA si derrotamos a China pero terminamos con un sistema de crédito social estilo Partido Comunista Chino”.
Sam Altman y OpenAI ya impulsaban la idea
Detrás del debate existe otro dato relevante: Sam Altman ya venía impulsando una iniciativa similar.
Según personas con conocimiento directo de las conversaciones, el CEO de OpenAI propuso previamente a legisladores estadounidenses la creación de un fondo de riqueza pública vinculado al crecimiento económico generado por la IA.
En abril, OpenAI publicó un documento donde planteaba que los ciudadanos estadounidenses deberían tener “una participación en el crecimiento económico impulsado por inteligencia artificial”.
Altman incluso habría mantenido conversaciones recientes tanto con Bernie Sanders como con funcionarios de la administración Trump para explorar distintos modelos posibles.
Sin embargo, todavía no existen definiciones concretas sobre qué porcentaje accionario podría adquirir el gobierno estadounidense ni cómo se financiaría una operación semejante.
Wall Street observa la próxima gran batalla
El debate ocurre en paralelo con el inminente desembarco bursátil de varias empresas de inteligencia artificial.
Anthropic y SpaceX podrían salir a bolsa en los próximos meses en algunas de las IPO más grandes de la historia reciente de Wall Street, mientras OpenAI también prepara su futura oferta pública.
Las valuaciones proyectadas ya se cuentan en billones de dólares.
Eso vuelve extremadamente costosa cualquier posible participación estatal.
Aun así, la discusión refleja una transformación profunda: la inteligencia artificial ya no es vista solamente como un negocio privado, sino como una infraestructura estratégica comparable con energía, defensa o telecomunicaciones.
Alex Karp, CEO de Palantir, advirtió esta semana sobre el cambio de clima político alrededor de la IA.
“El impulso ahora está del lado de quienes quieren nacionalizarlos”, afirmó durante una entrevista televisiva.
Y lanzó una advertencia directa hacia la industria tecnológica: “Muchos de nosotros estamos demasiado relajados”.
La batalla por controlar la inteligencia artificial ya no se libra únicamente entre empresas tecnológicas.
Ahora también enfrenta modelos económicos, ideologías políticas y visiones completamente distintas sobre quién debe beneficiarse de la próxima gran revolución tecnológica global.

