Meta, xAI y Anthropic: dudas sobre un contrato multimillonario de IA ponen la lupa sobre Elon Musk

El acuerdo entre xAI y Anthropic para utilizar el supercluster Colossus parecía cerrado hasta 2029. Pero declaraciones recientes de Elon Musk contradijeron documentos oficiales de SpaceX y abrieron interrogantes sobre uno de los contratos de infraestructura de IA más grandes del mercado.

La carrera global por infraestructura de inteligencia artificial acaba de sumar un nuevo capítulo de tensión, esta vez protagonizado por xAI, Anthropic y SpaceX. Lo que hasta hace pocos días parecía un acuerdo multimillonario consolidado para el alquiler de capacidad de cómputo terminó derivando en dudas públicas, contradicciones regulatorias y cuestionamientos sobre la transparencia de la operación.

El detonante fue una publicación de Elon Musk en X. El empresario relativizó el alcance temporal del acuerdo entre Anthropic y el supercluster Colossus de xAI, una de las infraestructuras de entrenamiento y procesamiento de IA más grandes del mundo.

“SpaceX no se comprometió a alquilar Colossus por años, aunque es posible que eso termine ocurriendo”, escribió Musk en respuesta a un usuario. “Este es un contrato de 180 días con una cláusula de cancelación mutua de 90 días después de ese período. El corto plazo fue pedido por nosotros, no por Anthropic”.

La declaración sorprendió porque contradice directamente información incluida en el formulario S-1 presentado recientemente por SpaceX ante reguladores estadounidenses. En ese documento, la empresa describió el acuerdo como un contrato con pagos mensuales garantizados hasta mayo de 2029.

Según el filing, “el cliente acordó pagar una tarifa mensual hasta mayo de 2029”, con un esquema de capacidad creciente desde mayo de 2026. Incluso, otra sección del mismo documento señala que el cliente —identificado como Anthropic— pagaría aproximadamente U$S 1.250 millones mensuales durante ese período.

Si se toma literalmente esa cifra, el acuerdo completo podría superar los U$S 45.000 millones a lo largo de tres años, convirtiéndose en uno de los contratos privados de infraestructura de IA más relevantes jamás firmados.

El corazón de la disputa gira alrededor de una cuestión clave en la economía de la inteligencia artificial: el acceso a capacidad de cómputo. A medida que modelos como Claude, GPT o Gemini demandan más GPUs, energía y centros de datos, las grandes compañías tecnológicas comenzaron a competir agresivamente por asegurar infraestructura crítica.

En ese contexto, el acuerdo beneficiaba a ambas partes. Para xAI y SpaceX representaba una fuente gigantesca de ingresos recurrentes. Para Anthropic implicaba acceder a capacidad de procesamiento adicional en medio de una guerra global por GPUs avanzadas y clusters de entrenamiento.

El problema es que las declaraciones públicas de Musk parecen ir en otra dirección respecto de los documentos regulatorios. El texto del S-1 habla explícitamente de pagos mensuales hasta 2029, mientras que Musk insiste en que el acuerdo puede cancelarse rápidamente si “el cómputo se vuelve extremadamente escaso”.

“No vamos a dejarlos colgados y les ofreceremos una salida razonable, pero si la capacidad de cómputo se vuelve muy limitada, podría llegar el momento en que necesitemos recuperarla”, agregó el fundador de xAI.

El episodio vuelve a poner en evidencia el valor estratégico que adquirió la infraestructura de IA. Ya no se trata solamente de modelos o chatbots. El verdadero cuello de botella está en el acceso a GPUs de alta gama, centros de datos, energía eléctrica y capacidad de inferencia.

En los últimos meses, gigantes tecnológicos y fondos de inversión destinaron cientos de miles de millones de dólares a construir nuevos data centers. Empresas como NVIDIA, OpenAI, Microsoft, Google y Amazon compiten por asegurarse acceso preferencial a chips y capacidad de entrenamiento.

Para Anthropic, fundada por ex empleados de OpenAI y respaldada financieramente por Amazon y Google, el acceso a cómputo es una necesidad crítica. Su modelo Claude se convirtió en uno de los principales rivales de ChatGPT en el segmento corporativo y de desarrolladores.

Por eso, el mercado interpretó inicialmente el acuerdo con xAI como una señal de consolidación. Sin embargo, las recientes contradicciones introducen incertidumbre sobre la estabilidad real de esos contratos en una industria donde la demanda de infraestructura crece más rápido que la oferta disponible.

Otro punto sensible es el momento elegido para las declaraciones. Analistas y observadores del mercado remarcaron que SpaceX atraviesa un período regulatorio delicado vinculado a su documentación financiera y potenciales procesos de mercado. En ese contexto, cualquier contradicción pública respecto de información incluida en filings oficiales podría generar cuestionamientos regulatorios.

Hasta el momento, ni SpaceX ni Anthropic ofrecieron aclaraciones adicionales sobre la duración exacta del acuerdo. xAI tampoco respondió públicamente a los pedidos de precisiones.

Mientras tanto, el episodio deja una conclusión clara: en la nueva economía de la inteligencia artificial, los contratos de capacidad computacional son tan estratégicos como antes lo eran los acuerdos petroleros o energéticos. Y en un mercado donde cada GPU vale oro, incluso un contrato firmado hasta 2029 puede parecer demasiado corto.

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