La creadora de ChatGPT presentó confidencialmente su IPO ante la SEC y se suma a la carrera bursátil más explosiva de la industria tecnológica desde la burbuja puntocom.
OpenAI dio un paso histórico hacia Wall Street. La empresa creadora de ChatGPT confirmó que presentó de manera confidencial la documentación para realizar una oferta pública inicial (IPO) ante la Securities and Exchange Commission (SEC) de Estados Unidos, apenas una semana después de que su principal rival, Anthropic, iniciara el mismo proceso.
La decisión acelera la competencia entre las dos compañías que hoy lideran la carrera global por la inteligencia artificial generativa y marca el comienzo de una nueva etapa para un sector que consume cantidades gigantescas de capital, infraestructura y poder computacional.
OpenAI, cuya valuación privada más reciente alcanzó los U$S 852.000 millones, informó que todavía no definió el momento exacto de la salida a bolsa ni los detalles financieros de la operación. Sin embargo, reconoció que decidió publicar la información porque esperaba filtraciones sobre el proceso.
“No hemos decidido aún el timing; puede pasar bastante tiempo porque hay cosas que queremos hacer que probablemente sean más fáciles como empresa privada”, explicó la compañía en una publicación oficial. “Pero es un conjunto complejo de compensaciones y esto nos da la opción de salir a bolsa antes si terminara siendo lo mejor”.
La nueva batalla multimillonaria de la inteligencia artificial
La presentación de OpenAI ocurre en un contexto explosivo para los mercados tecnológicos. SpaceX también se prepara para debutar en Nasdaq con una valuación estimada en U$S 1,75 billones, mientras Anthropic acaba de iniciar su propio camino hacia Wall Street.
La combinación podría convertir a 2026 en el año más importante para las ofertas públicas tecnológicas desde la era de la burbuja puntocom.
Pero detrás del entusiasmo de los inversores existe una realidad financiera mucho más compleja: el desarrollo de inteligencia artificial avanzada se está transformando en uno de los negocios más caros de la historia tecnológica.
Según reveló The Wall Street Journal, OpenAI espera gastar cerca de U$S 122.000 millones solamente en capacidad computacional para investigación de IA en 2028. La empresa además proyecta pérdidas operativas cercanas a U$S 85.000 millones ese mismo año, incluso después de duplicar sus ingresos.
En otras palabras, OpenAI está pidiendo a futuros accionistas públicos que financien un modelo de negocio que, según sus propias proyecciones, tardaría al menos cuatro años más en generar flujo de caja positivo.
Anthropic aparece como el rival más fuerte
La presión sobre OpenAI también crece por el avance de Anthropic.
La startup fundada por ex empleados de OpenAI logró recientemente una ronda de financiamiento de U$S 65.000 millones y, según información del mercado secundario Forge Global, llegó a una valuación cercana a U$S 1 billón, superando temporalmente a OpenAI.
David Shapiro, fundador y CEO de OpenVC y responsable del índice NYSE OpenVC 500, aseguró que Anthropic viene creciendo mucho más rápido en términos de valuación durante 2026.
“La apreciación de Anthropic supera ampliamente a OpenAI este año: 123% versus 11,3%”, señaló Shapiro a TechCrunch.
Sin embargo, también aclaró que OpenAI sigue despertando enorme interés entre inversores institucionales y mercados secundarios.
“Desde la perspectiva de los inversores secundarios, OpenAI ya había crecido hasta representar una porción significativa de su valuación”, explicó. “No vimos un colapso de OpenAI ni nada parecido, y la valuación sigue siendo enormemente exitosa”.
Shapiro agregó que las acciones secundarias de OpenAI “experimentaron una pequeña suba en los últimos días, indicando que los inversores podrían estar valorando a ambas compañías como las ‘dos grandes ganadoras’ de la carrera de modelos de lenguaje”.
El enorme costo de construir IA
El principal problema para las compañías de IA no parece ser la demanda, sino el costo de sostener el crecimiento.
En marzo, OpenAI cerró la mayor ronda de financiamiento de la historia de Silicon Valley al captar U$S 122.000 millones. De ese total, U$S 3.000 millones provinieron directamente de inversores minoristas a través de canales bancarios.
Pero el ritmo de gasto sigue siendo descomunal. La necesidad de construir data centers, comprar chips NVIDIA y entrenar modelos cada vez más complejos está generando una presión inédita sobre las finanzas del sector.
Incluso SpaceX, que también desarrolla infraestructura de IA mediante xAI, enfrenta desafíos similares respecto al enorme costo de entrenamiento de modelos de lenguaje.
Anthropic, por su parte, aseguró estar cerca de alcanzar su primer trimestre rentable, aunque también mantiene elevados niveles de gasto y podría sumar otros U$S 36.000 millones en deuda vinculada a chips y capacidad computacional.
OpenAI llega al IPO en medio de polémicas
La salida a bolsa también llega después de años turbulentos dentro de OpenAI.
En 2023, el directorio expulsó temporalmente a Sam Altman por supuestos problemas de transparencia y dudas sobre su compromiso con la misión original de la organización. Altman fue reincorporado pocos días después, mientras varios miembros del board, incluido el cofundador Ilya Sutskever, abandonaron la compañía.
La empresa además enfrenta múltiples demandas judiciales relacionadas con seguridad, salud mental y contenido generado por IA.
Recientemente, el estado de Florida presentó una demanda acusando a OpenAI y a Altman de generar daños en menores de edad al ofrecer información vinculada a autolesiones, adicciones y violencia escolar.
A eso se suman críticas políticas tras conocerse que Greg Brockman, presidente de OpenAI, y su esposa donaron U$S 12,5 millones a Leading the Future, un comité político pro inteligencia artificial orientado a bloquear regulaciones estatales sobre IA.
Mientras tanto, OpenAI continúa expandiendo su base de usuarios. La compañía asegura contar actualmente con cerca de 900 millones de usuarios activos semanales, consolidándose como la plataforma de inteligencia artificial más masiva del planeta.
Ahora, con Wall Street en el horizonte, la verdadera pregunta es si los mercados públicos estarán dispuestos a financiar una industria cuyo crecimiento parece ilimitado, pero cuyos costos todavía son difíciles de sostener incluso para las compañías más valiosas del mundo.

