Hiroki Tomiyasu, un productor de brócoli de Japón, usa ChatGPT y Codex para controlar invernaderos, detectar enfermedades, analizar satélites y automatizar tareas agrícolas. El caso muestra cómo la IA ya está transformando uno de los sectores más tradicionales del mundo.
Durante décadas, la inteligencia artificial pareció reservada para laboratorios tecnológicos, bancos o gigantes de Silicon Valley. Pero en el norte de Japón, entre campos de brócoli, soja y calabazas, un agricultor está demostrando que la revolución de la IA también llegó al agro.
Se trata de Hiroki Tomiyasu, un productor agrícola de Hokkaido que utiliza ChatGPT y Codex para automatizar tareas de su explotación rural, monitorear cultivos, detectar enfermedades y hasta construir sistemas de control remoto para sus invernaderos.
La historia fue difundida por OpenAI como uno de los ejemplos más llamativos de uso cotidiano de inteligencia artificial avanzada fuera del ecosistema tecnológico tradicional.
De funcionario público a agricultor tecnológico
Tomiyasu no nació en una familia de agricultores. Creció cerca de Tokio y comenzó su vida laboral como funcionario público. Pero hace aproximadamente una década empezó a involucrarse en proyectos rurales vinculados a la recuperación de terrazas arroceras abandonadas en la prefectura de Okayama.
“De repente, era agricultor”, explicó.
Con el tiempo, junto a otros productores, decidió mudarse a Hokkaido, considerada el corazón agrícola de Japón. Allí aprendió el oficio desde cero: manejar tractores, administrar cultivos y operar grandes extensiones rurales.
Actualmente supervisa unas 100 hectáreas dedicadas a brócoli, cebolla de verdeo, soja y calabazas.
Pero el verdadero diferencial apareció cuando comenzó a incorporar inteligencia artificial para resolver problemas concretos del trabajo diario.
“Es como tener un ingeniero brillante siempre al lado”
Según contó Tomiyasu, los sistemas tradicionales de automatización agrícola suelen requerir maquinaria costosa y equipos especializados de ingeniería, algo fuera del alcance de muchos productores medianos.
La llegada de ChatGPT y Codex cambió completamente esa ecuación.
“Se siente como tener un ingeniero extremadamente talentoso siempre a tu lado”, afirmó.
A partir de ahí comenzó a experimentar durante sus tiempos libres con sensores, software y herramientas conectadas a IA.
Uno de sus desarrollos más llamativos fue un sistema para controlar remotamente la ventilación de los invernaderos utilizando un ESP32, motores eléctricos, Cloudflare Workers y un bot de LINE, la popular aplicación de mensajería japonesa.
Gracias a Codex, logró automatizar la apertura y cierre de ventilaciones enviando comandos desde el celular.
“Ahora puedo administrar el invernadero remotamente desde LINE, lo que hace el trabajo muchísimo más fácil”, explicó.
Satélites, sensores y diagnóstico de enfermedades
El productor japonés también utiliza ChatGPT para analizar imágenes satelitales de sus cultivos.
Con ayuda de la IA creó un sistema que descarga datos NDVI —un índice utilizado para medir salud vegetal— y los superpone sobre mapas reales de sus campos.
Esto le permite monitorear el estado de cada parcela y tomar decisiones agrícolas con más información.
Además, Tomiyasu utiliza ChatGPT para identificar enfermedades en vegetales. Simplemente toma fotografías de anomalías en los cultivos y consulta a la IA para determinar si se trata de problemas menores o situaciones que requieren intervención urgente.
“Las anomalías descubiertas durante el trabajo agrícola pueden fotografiarse y discutirse inmediatamente con ChatGPT”, explicó.
Incluso llegó a generar diagramas técnicos automáticos para documentar cableados eléctricos dentro de sistemas de control de temperatura de sus invernaderos.
La IA también organiza el trabajo del campo
Otro de los usos más interesantes fue la creación de un bot interno para el grupo de trabajo de la granja.
La herramienta permite consultar horarios, revisar temperaturas, actualizar bases de datos y recuperar registros históricos simplemente utilizando el chat grupal cotidiano del equipo.
En otro caso, Tomiyasu pidió a Codex que analizara conversaciones previas del grupo y calculara automáticamente cuántas bandejas de plantines de brócoli habían sembrado en distintas etapas de producción.
“Mientras los registros queden almacenados en el chat que usamos todos los días, la IA puede volver atrás y encontrar toda la información. Es realmente salvador”, aseguró.
El agro como nuevo escenario de la IA
El caso de Tomiyasu refleja algo mucho más profundo: la inteligencia artificial empieza a penetrar industrias históricamente alejadas del mundo digital.
Mientras empresas como OpenAI, Google, Anthropic y Meta compiten por liderar el desarrollo de modelos cada vez más avanzados, productores independientes comienzan a utilizar estas herramientas para resolver problemas concretos sin necesidad de grandes inversiones tecnológicas.
La combinación de sensores baratos, plataformas cloud y modelos generativos está permitiendo que pequeños y medianos productores accedan a capacidades que hasta hace pocos años solo estaban disponibles para grandes corporaciones agrícolas.
Tomiyasu incluso comenzó a explorar sistemas de conducción autónoma para tractores basados en RTK-GPS, evaluando alternativas open source mucho más económicas que los sistemas propietarios tradicionales.
Según explicó, gracias a ChatGPT entendió cómo funcionaban los mecanismos técnicos y descubrió que podía construir un sistema propio por apenas “varios cientos de miles de yenes”, una fracción del costo habitual de mercado.
En un contexto donde la agricultura enfrenta escasez de mano de obra, envejecimiento poblacional y presión creciente sobre la productividad, la inteligencia artificial empieza a posicionarse como una herramienta clave para transformar el futuro del campo.
Y en Japón, un agricultor de brócoli ya está demostrando cómo podría verse ese futuro.

