Un informe de Unico y Liminal advierte que el uso de inteligencia artificial por parte de ciberdelincuentes hará crecer un 120% las pérdidas por fraude bancario antes de finalizar la década. Brasil lidera los ataques con identidades sintéticas en América Latina.
La inteligencia artificial no solo está transformando la productividad de empresas y consumidores. También está revolucionando el negocio del cibercrimen. Un nuevo informe elaborado por la empresa de verificación de identidad Unico, en colaboración con la consultora Liminal, proyecta que las pérdidas ocasionadas por fraudes contra instituciones financieras aumentarán más de un 120% hacia 2030 como consecuencia del uso cada vez más sofisticado de herramientas de IA por parte de los delincuentes.
Según el Identity Fraud Intelligence Report: Trends & Insights, las pérdidas globales pasarán de aproximadamente U$S 25.000 millones en 2025 a U$S 55.300 millones al cierre de la década.
Uno de los principales factores detrás de este crecimiento es que desarrollar ataques complejos resulta hoy mucho más barato que hace apenas unos años. El estudio señala que el costo de ejecutar un fraude avanzado cayó más de 100 veces, impulsado por la proliferación de herramientas de inteligencia artificial generativa disponibles bajo modelos de suscripción de bajo costo.
Este fenómeno está democratizando el acceso a tecnologías que antes solo estaban al alcance de organizaciones criminales altamente especializadas.
Deepfakes y documentos falsos, entre las mayores amenazas
La investigación muestra que cerca del 90% de los profesionales dedicados a la seguridad digital consideran que los contenidos sintéticos —como documentos manipulados, identidades falsas y bots capaces de hacerse pasar por personas reales— representan hoy uno de los mayores desafíos para la industria financiera.
Dentro de ese universo, los deepfakes ocupan un lugar central. Gracias a la inteligencia artificial, los atacantes pueden imitar voces, rostros y movimientos con un nivel de realismo suficiente para engañar tanto a personas como a sistemas de autenticación.
El informe revela un caso particularmente preocupante. Una sola institución financiera registró durante los primeros ocho meses de 2025 unas 8.065 tentativas de fraude utilizando deepfakes, ataques que terminaron provocando pérdidas verificadas por U$S 347 millones.
Los ataques de identidad sintética suelen utilizarse para tomar control de cuentas bancarias y transferir rápidamente el dinero antes de que el verdadero titular logre advertir la maniobra y contactar a su banco.
Los autores del estudio estiman que alrededor de 6 millones de personas fueron víctimas de este tipo de delitos en todo el mundo durante 2025.
Brasil aparece como uno de los principales focos
El informe también identifica a Brasil como uno de los mercados más afectados por esta nueva generación de ataques.
Según los datos recopilados, el país concentra el 48,3% de los casos de identidad sintética registrados en América Latina, una cifra que supera ampliamente el promedio mundial, estimado en 23%.
Para Fernanda Beato, General Manager de Unico Brasil, este liderazgo responde tanto al grado de digitalización del sistema financiero como al atractivo que representa para los delincuentes.
«Brasil es el principal termómetro para entender la transición del fraude. Tenemos un ecosistema altamente avanzado, impulsado por Open Finance y regulado por la Ley General de Protección de Datos (LGPD), pero justamente esa escala atrae ataques masivos, como las 500.000 tentativas de deepfakes bloqueadas en la región», afirmó la ejecutiva.
La cooperación será clave
El informe concluye que ningún mercado puede considerarse completamente protegido frente al nuevo escenario creado por la inteligencia artificial.
«No existe un mercado seguro, sino distintos puntos dentro de la misma curva de exposición», sostienen los autores.
Ante este panorama, los especialistas consideran que la regulación evolucionará hacia modelos de defensa compartida entre bancos, fintechs y organismos financieros. La colaboración entre instituciones permitiría detectar patrones de fraude mucho más rápidamente que los sistemas aislados que predominan en la actualidad.
Sin embargo, el desafío será encontrar un equilibrio entre ese intercambio de información y la protección de la privacidad de los clientes, un aspecto especialmente sensible en mercados con regulaciones estrictas sobre el tratamiento de datos personales.
Para la industria financiera, el mensaje es claro: mientras la inteligencia artificial mejora las capacidades de defensa, también reduce las barreras de entrada para los ciberdelincuentes. La carrera tecnológica ya no consiste únicamente en desarrollar modelos más potentes, sino en impedir que esas mismas herramientas sean utilizadas para atacar uno de los activos más valiosos del sistema financiero: la confianza.

