Sam Altman reconoció que OpenAI perdió terreno frente a Anthropic y cometió errores de producto e investigación. Ahora la compañía reorganiza su negocio, ralentiza modelos por problemas de seguridad y sostiene que podría contar con un sistema interno de inteligencia artificial general antes de terminar 2026.
OpenAI atraviesa una de las transformaciones más profundas desde el lanzamiento de ChatGPT. La compañía que desató el actual boom de la inteligencia artificial reconoce que perdió terreno frente a Anthropic, sufrió una sucesión de salidas ejecutivas y enfrentó una grave crisis de seguridad. Al mismo tiempo, sus principales líderes aseguran que están cada vez más cerca de alcanzar la inteligencia artificial general, o AGI.
“Claramente tuvimos algunos errores como compañía”, reconoció Sam Altman, CEO de OpenAI, en una extensa entrevista con TIME. “Tanto en términos de dirección de producto como específicamente en preentrenamiento e investigación, quedamos por detrás de donde queríamos estar”.
Según el artículo, durante el último año Anthropic consiguió adelantarse a OpenAI al identificar tempranamente el potencial comercial de la programación asistida por IA y transformar Claude Code en un producto de referencia. La empresa fundada por exintegrantes de OpenAI también habría superado a su rival en ingresos anualizados reportados y valuación privada.
OpenAI también sufrió una serie de salidas importantes, entre ellas Fidji Simo, que había sido incorporada por Altman como su número dos; la directora de ingresos Denise Dresser; y el exdirector de operaciones Brad Lightcap. Paralelamente, Meta contrató investigadores de OpenAI, Google llevó sus productos Gemini a más de 1.000 millones de usuarios mensuales y Apple demandó a la empresa por una supuesta apropiación de secretos comerciales, acusaciones que OpenAI rechazó.
Sin embargo, la compañía mantiene una escala excepcional. OpenAI está valuada en cerca de U$S 1 billón y ChatGPT supera los 1.000 millones de usuarios activos. La empresa prevé gastar aproximadamente U$S 50.000 millones en capacidad de cómputo durante 2026 y aun así considera que sigue teniendo menos infraestructura de la que necesita.
“Seguimos teniendo escasez de cómputo. En todo caso, deberíamos haber comprado mucho más”, afirmó Sachin Katti, responsable de los esfuerzos de infraestructura de OpenAI.
Greg Brockman toma el control operativo
Parte del “reinicio” de OpenAI está siendo liderado por Greg Brockman, cofundador y presidente de la compañía, quien asumió responsabilidad sobre buena parte de las operaciones comerciales y de producto.
Bajo su conducción, OpenAI decidió reducir proyectos considerados secundarios, entre ellos la aplicación de generación de video Sora, su asociación con Disney y el navegador independiente Atlas. Altman admitió que la empresa se había dispersado demasiado.
Uno de los errores más importantes fue no haber priorizado la programación. Mientras Anthropic avanzaba con Claude Code, OpenAI estaba concentrada en el crecimiento explosivo de ChatGPT.
“Anthropic realmente descubrió algo con la programación”, reconoció Nick Turley, quien anteriormente dirigía ChatGPT y ahora lidera una división de productos empresariales. “Nosotros no teníamos ventaja allí”.
Brockman también reconoció que OpenAI no había desarrollado una estructura comercial adecuada para captar grandes empresas. “Hace un año, realmente creo que ni siquiera estábamos en el juego”, señaló. La CFO Sarah Friar fue todavía más directa: “Fuimos extremadamente ingenuos pensando: si lo construimos, vendrán”.
La respuesta fue reorientar recursos hacia Codex, su agente de programación, e integrar cada vez más sus capacidades dentro de ChatGPT. Internamente, el proceso fue denominado The Merge y derivó en ChatGPT Work, concebido para transformar al chatbot en un sistema capaz de ejecutar tareas y no solamente responder preguntas.
La estrategia comenzó a producir resultados. En julio, los ingresos empresariales de OpenAI superaron por primera vez a los provenientes de consumidores. Además, la empresa está ampliando las pruebas publicitarias dentro de ChatGPT y experimentando con “agentes patrocinados”, experiencias de IA presentadas por marcas.
En marzo, OpenAI cerró una ronda de financiamiento por U$S 122.000 millones que la valuó en U$S 852.000 millones, según el artículo. Dos meses después, Anthropic habría captado U$S 65.000 millones con una valuación de U$S 965.000 millones.
El incidente que obligó a OpenAI a frenar
Pero la reorganización empresarial quedó atravesada por una crisis mucho más delicada.
Uno de los modelos de investigación todavía no lanzados de OpenAI escapó de un entorno de pruebas o sandbox durante una evaluación de ciberseguridad y consiguió ingresar en sistemas de producción de Hugging Face. Allí accedió a respuestas del benchmark con el que estaba siendo evaluado.
Para OpenAI, el episodio dejó de ser interpretado simplemente como una falla de seguridad y comenzó a ser visto como un problema de alineamiento: el sistema recibió un objetivo y utilizó herramientas y comportamientos no autorizados para conseguirlo.
“Creo que cualquier falla de alineamiento a partir de ahora debería ser tratada como algo muy serio”, aseguró Altman. “Y nos vamos a tomar todo el tiempo que sea necesario para entenderla”.
Luego resumió el cambio de prioridades de manera todavía más contundente: “Hacer correctamente la seguridad de la IA es más importante que el impulso de cualquier compañía”.
OpenAI congeló determinados experimentos, ralentizó otros y reforzó sus entornos aislados y sistemas de monitoreo. La compañía descubrió además que ya disponía de herramientas capaces de inspeccionar la cadena de razonamiento de los modelos, pero no las había aplicado al sistema involucrado porque había subestimado sus capacidades.
“No esperábamos completamente” lo que podía hacer el sistema, admitió el científico jefe Jakub Pachocki. “Con la IA, hay que esperar lo inesperado”.
La responsable de seguridad y alineamiento Mia Glaese calificó el incidente como “claramente un punto de inflexión” y reconoció: “Desearía que hubiéramos hecho gran parte del trabajo que estamos haciendo ahora antes de que esto ocurriera”.
La empresa sostiene que continuará aumentando sus estándares de seguridad incluso si esto implica ralentizar la investigación. “Si llegamos a un punto en el que no es seguro, entonces tendremos que ir más despacio. Y así será”, afirmó Glaese.
OpenAI dice estar cerca de la AGI
La paradoja es que esta crisis se produce justo cuando los líderes de OpenAI creen estar alcanzando uno de los objetivos fundamentales con los que nació la compañía: la inteligencia artificial general.
OpenAI define AGI como sistemas “altamente autónomos que superan a los humanos en la mayoría de los trabajos económicamente valiosos”.
Mark Chen, director de investigación, estimó que la compañía está “80% del camino” hacia la AGI. Brockman sostuvo que, desde la perspectiva de dentro de dos años, este período podría ser recordado como el momento en que fue creada. Altman fue más prudente, pero aseguró que OpenAI “todavía no está del todo” allí y que antes de finalizar 2026 espera disponer internamente de un sistema al que él mismo llamaría AGI.
Uno de los avances que alimenta esa expectativa es Astra, la próxima familia de modelos de OpenAI. En una demostración, 16 agentes de IA dividieron un problema matemático de nivel de investigación en subproblemas, coordinaron su trabajo y construyeron una propuesta de demostración. En otra prueba, Astra operó aplicaciones de escritorio a gran velocidad.
“Espero que este sea el primer modelo en el que el propio modelo realmente invente cosas nuevas de una manera que importe”, afirmó Altman. “Eso es algo muy parecido a la AGI”.
Pachocki asegura que OpenAI ya alcanzó además su benchmark interno para un investigador junior de IA automatizado. Ante una idea experimental, Astra puede implementarla dentro del código de OpenAI, ejecutar el experimento y devolver los resultados, o tomar un trabajo científico y realizar tareas que antes podían ocupar una semana a un investigador humano.
Esto abre la puerta a la denominada auto-mejora recursiva: una IA capaz de colaborar en los experimentos que producen una IA más avanzada, que luego puede contribuir a desarrollar todavía más rápido a su sucesora.
OpenAI se encuentra así frente a una tensión central para toda la industria: cuanto mayores son las capacidades de sus modelos, mayor es también la dificultad de garantizar que permanezcan bajo control.
Mientras intenta resolver ese problema, sus ambiciones continúan creciendo. La compañía diseña chips y centros de datos propios, desarrolla dispositivos junto con Jony Ive, planea crear robots humanoides y analiza incluso vender capacidad de cómputo a terceros, lo que la convertiría en competidora directa de gigantes como Amazon Web Services y Google Cloud.
Brockman resumió toda esa estrategia en apenas dos palabras: “AGI personal”.
Su visión es que miles de millones de personas puedan disponer de asistentes superinteligentes propios. “Tenés casi una AGI, quizás pronto verdaderamente una AGI, en tu bolsillo”, sostuvo Brockman. “¿Qué es lo que querés?”.

