Una proyección de ingresos inferior a la esperada para el cuarto trimestre provocó una de las peores jornadas bursátiles de la historia de Intel. La caída también redujo en U$S 12.000 millones el valor de la participación accionaria que el Gobierno de Donald Trump tiene en la compañía.
Intel atravesó una de sus jornadas más complicadas en Wall Street. El viernes 30 de octubre de 2026, las acciones del fabricante de semiconductores se desplomaron alrededor de un 28%, después de que la compañía presentara una previsión de resultados para el cuarto trimestre inferior a las expectativas de los analistas.
El impacto fue inmediato sobre el valor de las inversiones vinculadas con la empresa. Según CNBC, la caída redujo en U$S 12.000 millones el valor de la participación que posee el Gobierno de Estados Unidos, que había adquirido el 10% de Intel más de un año atrás, durante la administración de Donald Trump.
La pérdida también alcanzó a Nvidia, que había comprado una participación importante en Intel durante 2025 y registró una baja moderada en sus propias acciones durante la jornada. El retroceso se extendió a buena parte del sector tecnológico, especialmente a los fabricantes de chips.
Pese al derrumbe, la inversión del Gobierno estadounidense y la de Nvidia todavía muestran un resultado positivo en términos de valorización: las acciones de Intel acumulan una suba superior al 70% en lo que va del año. Sin embargo, ese desempeño representa una fuerte corrección respecto de los máximos alcanzados durante el verano estadounidense.
Menores ingresos y presión sobre los márgenes
El principal detonante de la caída fue la previsión de ingresos de Intel para el cuarto trimestre. La empresa anticipó una facturación de entre U$S 15.000 millones y U$S 16.000 millones, cuando los analistas esperaban aproximadamente U$S 17.000 millones.
La perspectiva también encendió señales de alerta sobre la rentabilidad. Intel proyectó que su margen bruto caerá al 37%, frente al 43% registrado anteriormente. Además, anticipó que sus elevados niveles de inversión impedirán generar flujo de caja positivo durante el período.
A estas previsiones se suma un problema que atraviesa a toda la industria tecnológica: la demanda de componentes por parte del sector de inteligencia artificial está afectando la disponibilidad y los precios de memorias y otros insumos utilizados en las computadoras personales.
El encarecimiento de esos componentes está presionando los precios finales de las PC y debilitando las ventas. Durante la presentación de resultados, el CEO de Intel, Lip-Bu Tan, explicó que los clientes comenzaron a advertir una desaceleración del mercado de computadoras debido al costo y la disponibilidad de memoria.
“Los precios de los sistemas destinados a los usuarios finales aumentaron significativamente en lo que va del año, lo que agrega presión sobre presupuestos de tecnología de la información que ya eran limitados”, señaló el ejecutivo.
El fenómeno refleja una consecuencia indirecta del crecimiento de la infraestructura de inteligencia artificial: los grandes centros de datos demandan cantidades crecientes de memoria y otros componentes, lo que genera tensiones en las cadenas de suministro y puede encarecer los productos destinados al mercado de consumo.
El negocio de centros de datos crece, pero Intel necesita más capacidad
No todos los indicadores de Intel muestran una evolución negativa. Su negocio de centros de datos registró un crecimiento interanual de los ingresos del 78% durante el trimestre informado, una señal de que la compañía también está capturando parte de la expansión de la infraestructura tecnológica vinculada con la inteligencia artificial.
Sin embargo, Intel todavía enfrenta limitaciones para aprovechar plenamente esa oportunidad. La empresa necesita ampliar la capacidad de producción de sus fábricas de semiconductores y conseguir más clientes externos para sus servicios de fabricación.
En ese mercado compite con Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), uno de los principales actores globales de la industria y un rival de peso en la fabricación avanzada de chips.
Intel ya tiene operativa una de sus nuevas fábricas en Arizona, pero la siguiente instalación no estaría disponible hasta 2028. Esa demora condiciona su capacidad para incrementar la producción y ampliar su participación en el negocio de fabricación para terceros.
El contraste resume el momento que atraviesa la compañía: mientras la inteligencia artificial impulsa la demanda de semiconductores y contribuye al crecimiento de su negocio de centros de datos, también presiona los costos de componentes y afecta al mercado tradicional de computadoras personales.
La caída bursátil del 28% muestra que los inversores siguen atentos a la capacidad de Intel para transformar el crecimiento de la demanda de chips en mayores ingresos, mejores márgenes y generación de efectivo. Por ahora, la expansión de la inteligencia artificial representa tanto una oportunidad de negocio como una fuente de presión para la compañía.

