Una investigación de la revista WIRED detectó aplicaciones que se presentaban como servicios cotidianos, pero ocultaban funciones para generar imágenes y videos sexuales manipulados. La operación habría utilizado anuncios en Facebook e Instagram y logró cientos de miles de descargas en las tiendas de Apple y Google.
Una aplicación que prometía convertir fotografías de mascotas en retratos extravagantes terminó siendo una de las puertas de entrada a una red de herramientas para crear imágenes y videos sexuales falsos. El caso de Viefur expone un problema que involucra a desarrolladores de aplicaciones, plataformas publicitarias y tiendas digitales, y que vuelve a poner bajo presión los mecanismos de control de las grandes compañías tecnológicas.
Una investigación publicada por WIRED identificó más de 400 dominios y aplicaciones conectados entre sí que, bajo apariencias inofensivas —desde servicios de idiomas hasta entrenadores de ejercicio con inteligencia artificial—, ocultaban funciones para generar deepfakes sexuales explícitos a partir de fotografías cargadas por los usuarios.
El sistema permitía seleccionar escenas y plantillas de contenido pornográfico, incluidas representaciones de violencia sexual y amenazas con armas. La investigación también encontró referencias a escenarios de abuso sexual y material de abuso sexual infantil generado mediante inteligencia artificial.
El funcionamiento era deliberadamente engañoso: una persona podía descargar una aplicación que aparentemente cumplía la función anunciada, pero, bajo determinadas condiciones, el software cargaba una interfaz web oculta con las herramientas de manipulación sexual.
Una operación comercial que utilizaba aplicaciones y publicidad engañosa
Según los investigadores consultados por WIRED, la red habría comenzado a aparecer hacia fines de 2025 y aceleró su crecimiento durante la primavera de 2026. En determinados momentos se registraban alrededor de 30 nuevas aplicaciones y sitios web de este tipo por semana.
En septiembre, 27 de esas aplicaciones seguían disponibles en Google Play Store. En conjunto, habían superado las 350.000 descargas y muchas estaban clasificadas como aptas para todos los grupos de edad.
Uno de los casos más relevantes fue DiffAI, una aplicación creada en diciembre de 2025 que acumuló más de 100.000 descargas en la tienda de Google. Una reseña publicada por un usuario advertía que incluía plantillas para generar material pornográfico y contenido de abuso sexual infantil, además de señalar que no verificaba la edad de quienes la utilizaban.
La investigación identificó también una estrategia de distribución basada en miles de anuncios de video publicados en Facebook e Instagram. Muchos promocionaban herramientas para crear imágenes explícitas mediante inteligencia artificial y dirigían a los usuarios hacia aplicaciones disponibles en las tiendas oficiales de Apple y Google. Los pagos podían realizarse a través de Apple Pay y Google Pay.
Paul Bouchaud, investigador principal de la organización sin fines de lucro AI Forensics, describió el esquema como una operación comercial organizada: un mismo operador detrás de cientos de aplicaciones y dominios descartables, con identidades falsas y anuncios diseñados para superar los controles de las plataformas.
La investigación también encontró que las aplicaciones podían decidir qué versión mostrar según información enviada a sus servidores, como el idioma, la procedencia del usuario y un identificador único. Uno de los posibles factores para activar la interfaz explícita era haber descargado la aplicación después de hacer clic en un anuncio de Meta.
Apple y Google retiraron aplicaciones, mientras Meta bloqueó miles de cuentas
La investigación encontró conexiones entre los desarrolladores y una empresa registrada en Hong Kong, KeLing Technology Limited. Los investigadores señalaron indicios de que la operación estaba vinculada a desarrolladores chinos: código y comentarios escritos en chino, servicios de alojamiento de ese país y marcas de agua de herramientas de edición de video en idioma chino.
WIRED identificó además vínculos entre KeLing y diferentes aplicaciones, dominios y servicios asociados. La publicación intentó obtener comentarios de la compañía, pero no recibió respuestas. Después de esos contactos, algunas referencias públicas que conectaban a KeLing con las herramientas desaparecieron o fueron modificadas.
La red también incorporó un modelo de inteligencia artificial llamado Veyra, anunciado a fines de septiembre con el lema «Más real. Más natural. Más salvaje». El correo de contacto publicado en su sitio web estaba asociado a KeLing Technology.
Las respuestas de las grandes plataformas muestran la dificultad de controlar este tipo de operaciones. Apple retiró 19 aplicaciones de su App Store, entre ellas Viefur, después de que WIRED le compartiera los dominios asociados. Su portavoz, Adam Dema, explicó que los desarrolladores habían cambiado el contenido de los sitios web conectados a las aplicaciones después de que estas fueran aprobadas, reemplazando las funciones originales por material pornográfico.
La compañía sostuvo que había suspendido decenas de miles de aplicaciones durante el último año por utilizar tácticas de este tipo y que había actualizado sus reglas para restringir las herramientas de desnudez generadas artificialmente.
Google, por su parte, había retirado la mayoría de las aplicaciones antes de que WIRED lo contactara. DiffAI también desapareció de Play Store poco antes de que la publicación consultara a la empresa.
En el caso de Meta, la compañía afirmó que había prohibido a KeLing Technology Limited anunciarse en sus plataformas durante 2025, después de que no cumpliera una orden de cese de actividad. Sin embargo, la investigación encontró que los anuncios habían continuado circulando mediante otras identidades y páginas.
Después de recibir de WIRED una lista de más de 400 dominios, Meta informó que había identificado más de 3.000 anuncios asociados: dos tercios ya habían sido eliminados. Posteriormente, aseguró haber tomado medidas contra 11.600 cuentas publicitarias, más de 4.700 páginas comerciales, 5.200 usuarios y 15.000 páginas vinculadas con esos dominios. También bloqueó 209 aplicaciones para que no pudieran anunciarse en sus servicios.
El caso expone una vulnerabilidad que va más allá de la capacidad de los modelos de inteligencia artificial para generar imágenes realistas: una red puede ocultar funcionalidades abusivas detrás de aplicaciones aparentemente legítimas, utilizar publicidad masiva para captar usuarios y aprovechar los mecanismos de distribución y pago de las principales plataformas digitales.

