Con una inversión de U$S 223 millones, China acelera el desarrollo de centros de datos bajo el océano para enfriar servidores de IA. El modelo promete reducir hasta un 30% el consumo energético y redefine la competencia tecnológica frente a Estados Unidos.
En la carrera global por dominar la inteligencia artificial, China está explorando una solución tan innovadora como estratégica: sumergir data centers en el océano. La iniciativa, liderada por Shanghai Hailanyun Technology, busca resolver uno de los mayores desafíos de la industria: el consumo energético y de agua necesario para enfriar infraestructuras críticas.
El proyecto más avanzado ya está en construcción a unos 10 kilómetros de la costa de Shanghái, uno de los principales hubs tecnológicos del país. Se trata de un data center submarino alimentado en un 97% por energía eólica offshore, lo que lo posiciona como una de las apuestas más ambiciosas hacia una infraestructura digital de bajo carbono.
El problema: energía, agua y escala
Los data centers son el corazón de la economía digital. Allí se almacenan datos y se ejecutan cálculos complejos que permiten desde servicios en la nube hasta el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial.
Pero ese poder tiene un costo. Estas instalaciones consumen enormes cantidades de electricidad y agua. De hecho, alrededor del 40% de la energía de un data center tradicional se destina exclusivamente a enfriamiento.
Además, cada instalación puede utilizar cientos de miles de litros de agua por día, generando una competencia directa con recursos esenciales para la agricultura y el consumo humano. Este problema es particularmente crítico en regiones áridas donde muchas empresas han instalado sus centros para evitar la humedad.
La solución: enfriar con el océano
El enfoque submarino cambia la lógica. En lugar de sistemas de refrigeración tradicionales, estos data centers utilizan agua de mar que circula a través de radiadores ubicados detrás de los racks de servidores, absorbiendo el calor y disipándolo de forma natural.
Según datos de Hailanyun, esta arquitectura permite reducir el consumo eléctrico en al menos un 30% en comparación con centros en tierra.
La primera fase del proyecto contará con 198 racks de servidores, con capacidad para entre 396 y 792 servidores de IA, y está prevista para entrar en operación en septiembre. Su capacidad de cómputo será suficiente para entrenar un modelo equivalente a GPT-3.5 en un solo día, un indicador del nivel de potencia que puede alcanzar esta infraestructura.
Inspiración y competencia con Estados Unidos
El concepto no es completamente nuevo. Microsoft había explorado esta idea con su Project Natick, un experimento que consistió en sumergir un contenedor con más de 800 servidores a 35 metros de profundidad frente a las costas de Escocia.
Tras dos años, la compañía concluyó que los data centers submarinos eran “fiables, prácticos y energéticamente sostenibles”, además de registrar menos fallas en los equipos gracias a un entorno sellado y libre de intervención humana.
Sin embargo, Microsoft no avanzó hacia una implementación comercial. En contraste, Hailanyun pasó de un piloto en la isla de Hainan en 2022 a un despliegue comercial en menos de 30 meses, con el respaldo del gobierno chino.
El objetivo es claro: escalar esta tecnología y posicionarse por delante de las compañías estadounidenses en infraestructura de próxima generación.
Riesgos ambientales y de seguridad
A pesar de sus ventajas, el modelo no está exento de críticas. Estudios previos detectaron que los data centers submarinos pueden generar aumentos de temperatura en el agua circundante, aunque en niveles bajos.
Hailanyun asegura que en sus pruebas el incremento fue inferior a 1 grado, sin impactos significativos en el ecosistema. Sin embargo, investigadores advierten que en contextos de olas de calor marinas, estos sistemas podrían afectar la biodiversidad al reducir los niveles de oxígeno en el agua.
También surgen preocupaciones en materia de seguridad. Un estudio de 2024 señaló que estos centros podrían ser vulnerables a ataques mediante ondas acústicas submarinas, lo que abre un nuevo frente en la protección de infraestructura crítica.
Un modelo que se expande
El interés por esta tecnología no se limita a China. Países como Corea del Sur ya anunciaron planes similares, mientras que Japón y Singapur evalúan alternativas como data centers flotantes.
Sin embargo, el avance dependerá no solo de la viabilidad técnica, sino de factores regulatorios, ambientales y logísticos. En ese terreno, China parece estar tomando la delantera.
Infraestructura, IA y poder global
La apuesta por data centers submarinos refleja una tendencia más amplia: la infraestructura digital se está convirtiendo en un eje central de la competencia geopolítica.
A medida que la inteligencia artificial demanda cada vez más capacidad de cómputo, la eficiencia energética y el acceso a recursos se vuelven factores críticos.
En este contexto, la estrategia de Hailanyun no solo apunta a resolver un problema técnico, sino a posicionar a China como líder en la próxima generación de infraestructura tecnológica.
El mensaje es claro: el futuro de la inteligencia artificial no solo se juega en los algoritmos, sino también en dónde —y cómo— se ejecutan.

