En su primera encíclica, el nuevo pontífice cuestionó la concentración de poder en torno a la IA, pidió regulación global y alertó sobre el impacto de los algoritmos en la democracia, la verdad y la libertad humana.
La inteligencia artificial volvió a ingresar de lleno en el debate político y social global, pero esta vez desde el Vaticano. Pope Leo XIV publicó su primera encíclica oficial bajo el título Magnifica Humanitas, un documento de unas 200 páginas centrado formalmente en la IA, aunque en realidad mucho más amplio en sus críticas al poder económico, la desigualdad y la influencia de las grandes corporaciones tecnológicas.
El texto, presentado junto a Chris Olah, cofundador de Anthropic, sostiene que las tecnologías desarrolladas y controladas por pequeñas élites “no pueden servir al bien común” si no existen mecanismos de supervisión pública y participación social.
“Cuando ese poder se concentra en manos de unos pocos, tiende a volverse opaco y evade el control público, aumentando el riesgo de formas distorsionadas de desarrollo que generan nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones e inequidades”, escribió el pontífice.
Una crítica que va más allá de la IA
Aunque la encíclica utiliza la inteligencia artificial como eje narrativo, el documento apunta a fenómenos mucho más profundos y antiguos: la concentración del poder económico, la fragilidad democrática y la capacidad de las grandes plataformas tecnológicas para influir en sociedades enteras.
Según León XIV, la IA amplifica las ventajas de quienes ya poseen recursos económicos, acceso a datos y capacidad tecnológica. “La inteligencia artificial tiende a amplificar el poder de quienes ya poseen recursos económicos, experiencia y acceso a datos”, sostiene el documento.
El Papa también alertó sobre cómo esas herramientas pueden utilizarse para “moldear patrones de información y consumo, influir procesos democráticos y dirigir dinámicas económicas en beneficio propio”.
La publicación llega además en un contexto político sensible en Estados Unidos. Días antes, el presidente Donald Trump postergó la firma de una orden ejecutiva vinculada a inteligencia artificial que pretendía otorgar supervisión gubernamental sobre nuevos modelos antes de su lanzamiento.
Según el artículo original, esa decisión habría estado influenciada por presiones de figuras del ecosistema tecnológico como David Sacks, inversor y exzar de inteligencia artificial de la Casa Blanca.
El Vaticano pide frenar la carrera armamentista de la IA
Uno de los puntos más fuertes de la encíclica es el rechazo explícito a la “carrera armamentista” de inteligencia artificial entre empresas y países.
León XIV cuestionó la competencia global por desarrollar “algoritmos cada vez más poderosos y conjuntos de datos más grandes” para garantizar dominio comercial o geopolítico.
“Desarmar significa desacreditar la idea de que el poder técnico automáticamente otorga el derecho a gobernar”, escribió el Papa.
El mensaje recuerda a debates históricos sobre el impacto social de las revoluciones tecnológicas. De hecho, el texto conecta directamente con Rerum Novarum, la encíclica publicada en 1891 por Pope Leo XIII durante la Revolución Industrial, donde también se cuestionaba la concentración del capital y el poder económico.
Deepfakes, desinformación y “libertad cognitiva”
El documento también aborda los efectos concretos de la IA sobre la información pública y la percepción de la realidad.
Paolo Carozza, profesor de la Facultad de Derecho de Notre Dame, integrante de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales y presidente del consejo supervisor de Meta, afirmó que la desinformación generada mediante IA y los deepfakes ya están “corroyendo nuestra capacidad de reconocer qué es verdadero y qué no”.
Según Carozza, las prácticas de la industria tecnológica basadas en “recolectar y manipular datos humanos” representan “desafíos fundamentales para la libertad cognitiva”.
Aunque la encíclica no menciona directamente a compañías específicas, el texto parece reflejar preocupaciones crecientes sobre el poder acumulado por líderes tecnológicos como Elon Musk, especialmente tras la compra de Twitter —hoy X— y la creciente influencia política de las plataformas digitales.
La IA como disputa ética y política global
Más allá de la dimensión religiosa, la encíclica posiciona al Vaticano como un nuevo actor en la discusión internacional sobre inteligencia artificial.
Mientras gobiernos, tecnológicas y organismos internacionales debaten regulación, seguridad y competitividad, León XIV plantea que el verdadero problema no es únicamente la tecnología, sino quién la controla y con qué objetivos.
El documento también insiste en que cualquier marco regulatorio futuro debe incluir participación de las comunidades afectadas por estas tecnologías y no quedar exclusivamente en manos de empresas privadas o élites políticas.
En un momento donde la inteligencia artificial redefine industrias, economías y sistemas políticos, el Vaticano decidió entrar de lleno en el debate. Y el mensaje del nuevo Papa es claro: el futuro de la IA no puede quedar solamente en manos de Silicon Valley.

