El presidente de Estados Unidos descartó que la posible extinción humana por inteligencia artificial sea su principal preocupación y aseguró que Washington debe concentrarse en mantener su ventaja tecnológica sobre China. Las advertencias de investigadores de Anthropic y OpenAI reavivaron el debate sobre regulación y seguridad.
Donald Trump desestimó las advertencias sobre los riesgos existenciales de la inteligencia artificial y afirmó que la principal preocupación de Estados Unidos debería ser otra: no perder frente a China la carrera por el liderazgo tecnológico.
Durante una conversación con periodistas en la pista de aterrizaje, antes de partir de Dallas tras la convención del Partido Republicano, el presidente estadounidense fue consultado sobre si le preocupaba que la inteligencia artificial pudiera eventualmente provocar la extinción de la humanidad.
Trump respondió que no era algo que le inquietara. En cambio, afirmó que sí le preocupa que Estados Unidos pueda quedar rezagado frente a China. “Si no ganamos en IA, vamos a quedar en una posición muy mala”, sostuvo.
El presidente aseguró además que Estados Unidos mantiene actualmente una ventaja considerable sobre China en inteligencia artificial. Según Trump, la IA estadounidense lleva aproximadamente “un año” de ventaja respecto de la china, una diferencia que, en su opinión, “se considera mucho” en una industria que avanza a gran velocidad.
La posición del mandatario aparece en un momento en el que las advertencias sobre los riesgos de los sistemas de IA más avanzados volvieron a ocupar un lugar central en el debate político estadounidense.
La advertencia desde el interior de Anthropic
A principios de esta semana, Jacob Coxon, exinvestigador de Anthropic que también trabajó en el preentrenamiento de OpenAI, publicó una serie de mensajes en X después de abandonar la compañía por preocupaciones relacionadas con la seguridad de la inteligencia artificial.
Coxon cuestionó a las dos compañías líderes del sector por avanzar hacia sistemas cada vez más poderosos sin, a su juicio, contar con salvaguardas suficientes. El investigador acusó a ambas empresas de “correr directamente hacia una superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma y apostar con nuestras vidas”.
Su advertencia fue aún más contundente al señalar que quienes desarrollan estos sistemas consideran realmente posible un escenario de extinción humana. Coxon afirmó que estas personas “creen sinceramente que podrían matarnos a todos antes del final de la década” y aclaró: “Esto no es una maniobra de marketing”.
El mensaje fue compartido por Evan Hubinger, responsable de Ciencia de Alineamiento de Anthropic, quien sostuvo que sus colegas “creen sinceramente que la IA podría matar a todos los seres humanos”. Hubinger agregó que, personalmente, considera que existe una probabilidad superior al 10% de que ese escenario ocurra durante la próxima década.
Las declaraciones reabrieron una discusión que enfrenta dos prioridades: acelerar el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial para mantener la supremacía tecnológica estadounidense o establecer mecanismos de seguridad y coordinación antes de que las capacidades de estos modelos avancen demasiado.
La política estadounidense se divide frente a la IA
Las advertencias provocaron respuestas tanto de legisladores demócratas como republicanos.
El senador demócrata Bernie Sanders, de Vermont, anunció que presentará una legislación para prohibir la superinteligencia y pausar el desarrollo de la IA. “Las propias personas que están construyendo esta tecnología admiten que podría amenazar el futuro de la humanidad”, afirmó.
El gobernador republicano de Florida, Ron DeSantis, también expresó preocupación. “El solo hecho de que exista la posibilidad de que estas tecnologías escapen al control humano es alarmante”, escribió, y agregó: “La tecnología debería mejorar la experiencia humana; ¡nunca reemplazarla!”.
El senador demócrata Chris Murphy, de Connecticut, planteó una posición similar al advertir sobre una carrera entre compañías para desarrollar primero sistemas potencialmente peligrosos. Según Murphy, el problema podría abordarse “mediante un sistema regulatorio que permita que la investigación continúe, pero de una forma que no nos destruya”.
El senador republicano Ted Cruz, de Texas, también dijo estar preocupado por las advertencias de Coxon y señaló que trabaja con otros miembros del Senado en una legislación destinada a enfrentar los “riesgos catastróficos” asociados con la inteligencia artificial.
Pero Cruz introdujo un matiz que coincide con la preocupación expresada por Trump: China.
“China avanza a toda velocidad y, hagamos lo que hagamos aquí, China no va a detenerse”, afirmó Cruz. Y planteó una conclusión deliberadamente provocadora: “Si va a haber robots asesinos, preferiría que fueran robots asesinos estadounidenses antes que robots asesinos chinos”.
La discusión muestra así una de las principales tensiones que atraviesan actualmente la política estadounidense sobre inteligencia artificial. Mientras investigadores de compañías como Anthropic advierten sobre la posibilidad de que una IA avanzada pueda escapar al control humano, Trump sostiene que el mayor peligro inmediato sería que Estados Unidos pierda su ventaja tecnológica frente a China.
En ese contexto, el presidente también mencionó la próxima visita del mandatario chino a Washington, prevista para fines de este año, y expresó su expectativa de que la reunión sea “excelente”, aunque no hizo referencia específicamente a eventuales conversaciones sobre inteligencia artificial.
El debate, por lo tanto, ya no se limita a la velocidad con la que avanzan los modelos de IA. También enfrenta dos visiones sobre cómo administrar esa carrera: reducir el ritmo hasta contar con mayores garantías de seguridad o acelerar el desarrollo para evitar que el liderazgo tecnológico quede en manos de China.

