SpaceX debutó en Wall Street con la mayor IPO de la historia, una nueva etapa para el imperio espacial de Musk

La compañía recaudó U$S 85.700 millones en su salida a bolsa, alcanzó una valuación cercana a U$S 2,7 billones y convirtió a Elon Musk en el primer billonario de la historia. Ahora comienza el verdadero desafío: justificar esas expectativas.

Después de años de especulación, SpaceX finalmente se convirtió en una empresa pública. La histórica salida a bolsa de la compañía aeroespacial fundada por Elon Musk no solo rompió récords financieros, sino que también redefinió el mapa tecnológico global y consolidó a la firma como una de las compañías más valiosas del planeta.

La operación comenzó con una colocación de 555,6 millones de acciones a U$S 135 cada una, una oferta diseñada para recaudar U$S 75.000 millones. Sin embargo, la enorme demanda de los inversores terminó ampliando la operación hasta alcanzar los U$S 85.700 millones, convirtiéndola en la mayor oferta pública inicial (IPO) de la historia.

El entusiasmo del mercado no tardó en reflejarse en la cotización. Las acciones debutaron el 12 de junio en Nasdaq a U$S 150, un salto del 11% respecto al precio de colocación. Durante la jornada llegaron a subir cerca de un 30% y finalizaron en U$S 160,95, un avance del 19%.

Una valuación de U$S 2,7 billones

El impacto fue inmediato. Tras varios días de subas, la capitalización bursátil de SpaceX alcanzó aproximadamente U$S 2,7 billones, superando a Amazon y posicionándose como la quinta empresa más valiosa del mundo.

El principal beneficiario fue Elon Musk. Gracias a la estructura accionaria de la compañía, el empresario controla alrededor del 85,1% del poder de voto. La salida a bolsa elevó su patrimonio teórico por encima de U$S 1 billón, convirtiéndolo en la primera persona en alcanzar esa cifra.

La operación también generó enormes ganancias para empleados e inversores tempranos. Según estimaciones citadas por medios estadounidenses, alrededor de 4.400 empleados de SpaceX podrían convertirse en millonarios gracias a la valorización de sus participaciones.

Los bancos colocadores tampoco quedaron afuera. Instituciones como Goldman Sachs, JPMorgan y Morgan Stanley habrían obtenido aproximadamente U$S 500 millones en comisiones por la operación.

Un gigante que todavía pierde dinero

Detrás del entusiasmo del mercado aparece una realidad más compleja. Los documentos regulatorios presentados antes de la IPO revelaron que SpaceX perdió U$S 4.900 millones durante 2025, pese a haber generado ingresos superiores a U$S 18.000 millones.

La cifra forma parte de una larga historia de inversión agresiva. Desde su fundación hace 24 años, la empresa acumula pérdidas superiores a U$S 37.000 millones.

Sin embargo, los inversores parecen apostar a que el crecimiento futuro compensará esos números. El principal motor actual es Starlink, la red global de internet satelital, que se ha convertido en la unidad de negocios dominante dentro de la compañía.

Al mismo tiempo, SpaceX continúa destinando enormes recursos al desarrollo de Starship, el sistema de lanzamiento reutilizable que Musk considera clave para futuras misiones a la Luna y Marte.

La primera gran adquisición tras la IPO

La nueva etapa bursátil ya comenzó a mostrar movimientos estratégicos. Apenas días después de la salida a bolsa, SpaceX anunció la adquisición de Cursor mediante una operación valuada en U$S 60.000 millones en acciones.

El acuerdo refuerza la creciente apuesta de la compañía por la inteligencia artificial, una tendencia que ya aparecía reflejada en la documentación presentada ante los reguladores.

La compañía también mantiene importantes inversiones en empresas vinculadas al ecosistema de IA, incluyendo OpenAI, Anthropic y xAI.

La infraestructura detrás de la revolución de la IA

Uno de los aspectos menos conocidos de SpaceX es su creciente papel dentro de la economía de la inteligencia artificial.

La empresa ha firmado acuerdos multimillonarios para suministrar capacidad de procesamiento y soporte tecnológico a desarrolladores de modelos avanzados.

Entre ellos figura un contrato con Anthropic valuado en aproximadamente U$S 1.250 millones mensuales, además de un acuerdo con Google por alrededor de U$S 920 millones mensuales destinado a cubrir la creciente demanda generada por nuevos productos de IA.

Estos contratos han contribuido a fortalecer los ingresos de la compañía y a diversificar un negocio históricamente asociado únicamente con cohetes y satélites.

¿Qué viene ahora?

La pregunta central para los mercados es si SpaceX podrá sostener una valuación de semejante magnitud.

La empresa posee ventajas competitivas difíciles de replicar: liderazgo en lanzamientos espaciales reutilizables, una red global de internet satelital en expansión y una posición privilegiada dentro de la infraestructura tecnológica que alimenta la inteligencia artificial.

Pero también enfrenta desafíos considerables. Los costos de desarrollo continúan siendo enormes, la rentabilidad sigue siendo esquiva y el control casi absoluto de Elon Musk genera interrogantes sobre el gobierno corporativo de la compañía.

Lo cierto es que la salida a bolsa marca el comienzo de una nueva etapa para SpaceX. Durante más de dos décadas fue una de las empresas privadas más observadas del mundo. Ahora deberá demostrar ante millones de accionistas que puede transformar sus ambiciosos proyectos espaciales y tecnológicos en resultados financieros sostenibles.

Y esa prueba recién comienza.

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