En una columna publicada por el Financial Times, el CEO de OpenAI propone crear un organismo internacional liderado por Estados Unidos para regular la inteligencia artificial y sostiene que las decisiones más importantes no deben quedar en manos de Silicon Valley.
Durante los últimos tres años, Sam Altman fue uno de los empresarios que más insistió en la necesidad de regular la inteligencia artificial. Sin embargo, su último artículo de opinión publicado en el Financial Times marca un cambio de tono significativo. Ya no se limita a advertir sobre los riesgos de la IA: ahora plantea un modelo concreto de gobernanza internacional y sostiene que las decisiones fundamentales sobre esta tecnología deben quedar en manos de los gobiernos democráticos y no de las empresas que la desarrollan.
La publicación llega en un momento especialmente sensible para OpenAI. La administración de Donald Trump incrementó durante las últimas semanas el control sobre los modelos de inteligencia artificial más avanzados, retrasando lanzamientos de OpenAI y de Anthropic mientras trabaja junto a la industria en nuevos estándares nacionales para estos sistemas.
Un organismo internacional liderado por Estados Unidos
El eje central de la propuesta de Altman consiste en crear un foro internacional, encabezado por Estados Unidos, que reúna a gobiernos, expertos independientes y otros actores para establecer estándares comunes sobre inteligencia artificial.
Según el CEO de OpenAI, este organismo tendría tres funciones principales: definir criterios internacionales de seguridad, realizar evaluaciones independientes sobre las capacidades y riesgos de los modelos más avanzados, y facilitar el acceso a esta tecnología para aquellos países y empresas que acepten cumplir las reglas establecidas.
En su visión, ese mecanismo también serviría como instancia de supervisión sobre los propios laboratorios de IA, reduciendo las presiones comerciales que podrían incentivar una carrera tecnológica sin suficientes controles.
La seguridad antes que la distribución
Uno de los mensajes más contundentes del artículo es que la expansión global de la inteligencia artificial depende de que primero existan reglas claras.
Altman sostiene que el mundo no podrá beneficiarse plenamente de esta tecnología si antes no se resuelven los riesgos asociados a los modelos más poderosos.
En su planteo, establecer estándares internacionales de seguridad no constituye un obstáculo para la innovación, sino el requisito indispensable para que la inteligencia artificial pueda distribuirse masivamente de forma responsable.
También advierte que, si ese consenso global no se alcanza, el escenario más probable será una proliferación de restricciones nacionales que terminarán fragmentando el desarrollo de la IA.
La comparación con la energía nuclear
Para defender su propuesta, Altman recurre a ejemplos históricos de cooperación internacional.
Menciona los estándares globales de seguridad aérea, las normas financieras internacionales y, especialmente, el papel que desempeña el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) en la supervisión del uso de tecnología nuclear.
Según su argumento, incluso durante los momentos de mayor tensión geopolítica de la Guerra Fría fue posible construir mecanismos internacionales de control. Por eso considera que algo similar debería ocurrir ahora con la inteligencia artificial.
El CEO de OpenAI afirma además que las conversaciones mantenidas recientemente durante la cumbre del G7 mostraron interés por avanzar en una iniciativa de estas características.
Un mensaje dirigido también a Silicon Valley
Quizás el párrafo más llamativo del artículo es aquel en el que Altman limita explícitamente el papel de las empresas tecnológicas.
El ejecutivo sostiene que los laboratorios desarrollan la tecnología, pero insiste en que «los ciudadanos y sus representantes elegidos deben hacer las reglas».
A su juicio, las decisiones más trascendentes sobre el uso de la inteligencia artificial no deberían quedar concentradas en «un pequeño número de compañías de San Francisco», sino resolverse mediante procesos democráticos.
La afirmación resulta particularmente relevante tratándose del máximo responsable de OpenAI, una de las empresas que hoy lideran el desarrollo mundial de modelos fundacionales.
Una visión alineada con la estrategia reciente de OpenAI
La columna también parece reforzar otras iniciativas impulsadas por la compañía durante los últimos meses.
Hace pocas semanas, OpenAI publicó un documento estratégico donde defendía la creación de mecanismos que permitan distribuir ampliamente los beneficios económicos generados por la inteligencia artificial.
Además, distintos medios informaron esta semana que la empresa mantiene conversaciones preliminares con la administración Trump para estudiar un esquema mediante el cual el gobierno estadounidense podría recibir una participación accionaria del 5% en OpenAI como forma de compartir parte del valor económico generado por la IA con la sociedad.
Si bien ambos temas son independientes, reflejan una misma línea de pensamiento: la inteligencia artificial ya no puede desarrollarse únicamente bajo la lógica empresarial tradicional.
Con este nuevo artículo, Altman parece enviar un mensaje tanto a Washington como al resto de la industria. Para el fundador de OpenAI, la próxima etapa de la inteligencia artificial no dependerá solamente de construir modelos cada vez más potentes, sino también de generar la confianza política e institucional necesaria para que esos sistemas puedan desplegarse globalmente sin perder legitimidad.

