El exasesor de IA de la Casa Blanca, Sriram Krishnan, aseguró que Donald Trump no creará un organismo central para controlar la inteligencia artificial. Sin embargo, defendió las recientes intervenciones del gobierno sobre los modelos más avanzados por razones de seguridad nacional.
La administración de Donald Trump no impulsará un sistema de licencias ni un organismo regulador centralizado para supervisar el desarrollo de la inteligencia artificial en Estados Unidos. Así lo aseguró Sriram Krishnan, hasta hace pocas semanas principal asesor de IA de la Casa Blanca, en una extensa entrevista concedida al Financial Times, donde explicó la filosofía regulatoria del gobierno republicano y defendió un enfoque de mínima intervención para preservar el liderazgo tecnológico estadounidense.
«No habrá una FDA para la inteligencia artificial», afirmó Krishnan, en referencia a la Food and Drug Administration (FDA), el poderoso organismo que regula medicamentos y alimentos en Estados Unidos.
Según el exfuncionario, crear una agencia que obligue a las empresas a obtener autorización antes de lanzar nuevos modelos sería incompatible con la estrategia impulsada por Trump desde el inicio de su segundo mandato.
«Esta administración y este presidente han estado, desde el primer día, en contra de una burocracia excesiva y de regulaciones que frenen la innovación. No estamos en el negocio de elegir ganadores y perdedores», sostuvo.
Sin un regulador central, pero con intervención cuando haya riesgos
Las declaraciones de Krishnan llegan apenas semanas después de que el propio gobierno estadounidense interviniera para retrasar el lanzamiento de algunos de los modelos de inteligencia artificial más avanzados del mercado.
Entre ellos figuró Mythos, desarrollado por Anthropic, cuya distribución fue suspendida temporalmente tras preocupaciones vinculadas con la seguridad nacional. También se demoró la publicación del modelo OpenAI 5.6, mientras las autoridades revisaban sus capacidades.
Aunque esas decisiones despertaron críticas dentro de Silicon Valley, Krishnan defendió la actuación del gobierno.
Explicó que la suspensión de Mythos se tomó «muy, muy a disgusto» y únicamente después de que Amazon detectara una vulnerabilidad de seguridad en el modelo.
«El gobierno siempre intentará garantizar que nuestros sistemas y nuestra seguridad estén protegidos», afirmó.
El verdadero enemigo, según Krishnan: el discurso catastrofista
Uno de los aspectos más llamativos de la entrevista fue la crítica que Krishnan dirigió a la propia industria de la inteligencia artificial.
A su juicio, el creciente rechazo social hacia esta tecnología no se debe tanto a la falta de regulación sino al mensaje que han transmitido durante años los principales laboratorios de IA.
«La industria hizo un trabajo terrible explicando los beneficios de esta tecnología», afirmó.
Según el exasesor, muchas compañías concentraron su comunicación en escenarios distópicos relacionados con la pérdida masiva de empleos o incluso con riesgos existenciales para la humanidad.
«Han hablado tanto sobre esos escenarios que mucha gente termina preguntándose si realmente quiere que esta tecnología exista», explicó.
Para Krishnan, el desafío consiste en mostrar aplicaciones concretas que mejoren la vida de las personas, como diagnósticos médicos más precisos o avances científicos acelerados.
Los ciudadanos también deberían beneficiarse económicamente
Otro de los temas abordados fue la reciente propuesta de Donald Trump para que las grandes compañías de inteligencia artificial cedan parte de su capital a la sociedad estadounidense.
La iniciativa, que ya fue discutida con Sam Altman, CEO de OpenAI, contempla que las principales empresas del sector entreguen participaciones accionarias a un fondo que beneficie directamente a los ciudadanos.
Aunque algunos inversores de Silicon Valley calificaron la idea como una forma encubierta de nacionalización, Krishnan respaldó el concepto.
«Creo que es positivo encontrar alguna manera para que la gente común sienta que también se beneficia cuando ve crecer esta industria», señaló.
«Los estadounidenses necesitan sentir que la inteligencia artificial es algo que los fortalece, no simplemente una fuente de riqueza para dos o tres compañías.»
Competencia con China y modelos abiertos
Krishnan también reiteró una de las principales preocupaciones de la administración Trump: el avance de China en inteligencia artificial.
Recordó que uno de sus primeros trabajos al ingresar a la Casa Blanca consistió en informar al presidente sobre las capacidades alcanzadas por los modelos desarrollados por DeepSeek, uno de los laboratorios chinos que más creció durante el último año.
En ese contexto, manifestó su preocupación por la falta de modelos abiertos de primer nivel desarrollados en Estados Unidos.
«Es muy preocupante que hoy existan modelos abiertos chinos de muy alta calidad y que todavía no tengamos un modelo abierto estadounidense que lidere esa categoría», advirtió.
Según Krishnan, varios aliados de Estados Unidos podrían optar en el futuro por utilizar modelos de código abierto («open weight») que puedan adaptar localmente, una estrategia que considera clave para mantener la competitividad occidental.
Un delicado equilibrio entre innovación y seguridad
Aunque insiste en que no habrá una autoridad reguladora central comparable a la FDA, Krishnan reconoció que el desarrollo de la inteligencia artificial requerirá mecanismos permanentes de supervisión.
Su propuesta pasa por crear un organismo voluntario integrado por empresas tecnológicas, fabricantes de chips y especialistas en ciberseguridad que trabaje junto con las agencias de inteligencia estadounidenses para detectar vulnerabilidades antes de que los modelos lleguen al mercado.
Sin embargo, advirtió que cualquier proceso de revisión debe ser rápido.
«Si los modelos más avanzados permanecen retenidos durante semanas antes de su lanzamiento, probablemente eso sea perjudicial para la innovación estadounidense», concluyó.
Las declaraciones de Krishnan reflejan el difícil equilibrio que intenta construir la administración Trump: evitar regulaciones que frenen el desarrollo de la inteligencia artificial, pero al mismo tiempo intervenir cuando considere que los modelos representan riesgos para la seguridad nacional o para la infraestructura crítica de Estados Unidos.

