El pontífice reclamó que las decisiones sobre la vida humana y el uso de la fuerza permanezcan bajo control de las personas. También pidió a los países de Naciones Unidas establecer reglas internacionales, supervisión independiente y mecanismos de responsabilidad para el desarrollo de la IA.
El papa León XIV volvió a poner a la inteligencia artificial en el centro del debate internacional, esta vez con un pedido concreto: avanzar hacia el desarme de sus aplicaciones más peligrosas y prohibir las armas autónomas letales. En un mensaje dirigido a los participantes de una reunión que se realizará en Ginebra el próximo mes, el pontífice instó a los Estados miembros de Naciones Unidas a adoptar medidas concretas para impedir que las máquinas puedan decidir por sí mismas sobre la vida de las personas.
Durante su discurso del viernes, León XIV sostuvo que los sistemas de inteligencia artificial deben ser “desarmados” y recordó que la responsabilidad de orientar, modificar y, cuando sea necesario, rechazar sus aplicaciones corresponde a los seres humanos.
“Las máquinas son herramientas, no personas”, afirmó el Papa. La frase sintetiza una de las principales preocupaciones de su posición frente al avance tecnológico: evitar que los sistemas de IA reciban derechos o personalidad jurídica y, sobre todo, impedir que sus decisiones reemplacen la supervisión humana en cuestiones fundamentales.
El pontífice fue especialmente enfático respecto de las decisiones que afectan la vida, la libertad y el uso de la fuerza. Según expresó, todas ellas deben permanecer siempre sujetas a una supervisión humana efectiva, informada y responsable.
La Iglesia y los riesgos de delegar decisiones en las máquinas
El mensaje retoma los principios que León XIV había desarrollado en mayo, en su primer documento papal de gran relevancia, centrado en la necesidad de proteger a la persona humana en la era de la inteligencia artificial.
En aquella oportunidad, el pontífice había planteado la importancia de preservar la dignidad y el lugar del ser humano frente a tecnologías capaces de transformar múltiples dimensiones de la sociedad. Ahora, su preocupación se concentra también en las consecuencias políticas, jurídicas y militares de delegar decisiones en sistemas automatizados.
La advertencia sobre la personalidad jurídica de la IA tiene un significado particular. Para León XIV, reconocer derechos a las máquinas podría desdibujar la responsabilidad de las personas y las instituciones que desarrollan, implementan o utilizan estas tecnologías.
El planteo no se limita a una discusión filosófica. En el terreno militar, la posibilidad de que un sistema autónomo identifique objetivos y decida utilizar fuerza letal abre interrogantes sobre quién responde por sus consecuencias y qué mecanismos pueden impedir errores o abusos.
El Papa pidió que las decisiones relacionadas con el uso de la fuerza no queden fuera del control humano. Su posición busca establecer un límite claro frente al desarrollo de armas capaces de actuar sin una intervención humana efectiva.
Un debate que ya había planteado el papa Francisco
La preocupación de la Iglesia católica por las armas autónomas no comenzó con León XIV. En 2024, el papa Francisco también había reclamado su prohibición y había advertido sobre los riesgos de permitir que una máquina decida sobre la vida de una persona.
“Ninguna máquina debería elegir jamás quitarle la vida a un ser humano”, había afirmado Francisco.
León XIV convirtió la inteligencia artificial en uno de los temas recurrentes de su pontificado. Incluso sugirió que la elección de su nombre papal estuvo relacionada con los desafíos que plantea esta tecnología, en una referencia a León XIII, quien condujo a la Iglesia durante un período marcado por la Revolución Industrial.
La comparación establece un paralelismo entre dos grandes transformaciones tecnológicas y sus consecuencias sociales. Así como la industrialización modificó el trabajo, la economía y las relaciones humanas, la inteligencia artificial plantea nuevos desafíos para las instituciones, la legislación y la convivencia.
Naciones Unidas y la necesidad de reglas internacionales
En el cierre de su mensaje, León XIV reclamó que las instituciones internacionales protejan el bien común frente a los riesgos asociados con la inteligencia artificial. Para ello, propuso avanzar hacia estándares compartidos, supervisión independiente y mecanismos claros de rendición de cuentas.
El objetivo, según explicó, es que las decisiones vinculadas con el desarrollo y la utilización de estos sistemas puedan ser examinadas, cuestionadas cuando sea necesario y acompañadas de mecanismos de reparación ante los daños que puedan provocar.
El planteo apunta a que la responsabilidad no quede diluida entre desarrolladores, empresas, gobiernos y usuarios. También busca que existan herramientas institucionales para revisar cómo se toman las decisiones y quién debe responder cuando una aplicación tecnológica produce consecuencias perjudiciales.
El mensaje del Papa incorpora así una dimensión política y regulatoria al debate sobre la inteligencia artificial. Más allá de sus posibilidades económicas y tecnológicas, León XIV advierte que el desarrollo de la IA debe permanecer subordinado a decisiones humanas responsables, especialmente cuando están en juego la vida, la libertad y la seguridad de las personas.

